Las normativas ralentizan la destrucción de las praderas marinas en Europa

  • Estos ecosistemas marinos son esenciales para captar el dióxido de carbono y proteger las playas de la erosión, entre otras funciones.
  • La destrucción de las especies ha retrocedido entre el 40 y 60% desde 1897.
Pradera marina de Posidonea Oceánica en Ibiza.
Pradera marina de Posidonea Oceánica en Ibiza.
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Las praderas marinas autóctonas que habitan las aguas atlánticas y mediterráneas de Europa han ralentizado su regresión e, incluso en algún caso, llegan a experimentar una lenta recuperación desde hace unos años, según las conclusiones de un grupo de expertos reunidos en Alicante.

Doce biólogos de España, Holanda, Dinamarca, Islandia, Polonia y Portugal se han reunido en Santa Pola para evaluar la situación de las cuatro especies de praderas marinas que existen en las aguas europeas, consideradas bioindicadoras de la calidad del mar e indispensables para criar los peces de valor comercial, captar dióxido de carbono (CO2) y proteger las playas de la erosión.

A las sesiones en el Centro de Investigación Marina (CIMAR), dependiente de la Universidad de Alicante (UA) y el Ayuntamiento de Santa Pola, han acudido los especialistas que forman parte del proyecto COST Action ES0906 "Seagrass Productivity", financiado por la Comisión Europea.

Uno de los participantes, José Luis Sánchez Lizaso, del Departamento de Ciencias del Mar y Biología Aplicada de la UA, ha relatado a Efe que el objetivo ha sido analizar la evolución de estas praderas marinas desde finales del siglo XIX y se observa que, en general, han retrocedido entre el 40 y 60% desde los primeros datos cartográficos, que datan de 1897.

Sin embargo, últimamente se ha apreciado un cambio de tendencia ya que hasta principios de este siglo la destrucción se aceleraba mientras que ahora se está ralentizando, probablemente, debido a la gestión que se hace a escala nacional e internacional.

El grupo se formó el pasado febrero en Bruselas, cuando se definieron los objetivos y la metodología, y por parte española hay biólogos de Andalucía, Baleares, Cataluña y la Comunitat Valenciana.

Los especialistas han detectado que la especie "Zostera noltii", abundante en las aguas del Atlántico, es la que más terreno ha recuperado debido a su rápido crecimiento.

Tras ella, se han visto avances en la especie "Zostera marina", más común en el Atlántico norte y la situación está algo estancada en el caso de la "Cymodocea nodosa" y de la "Posidonia oceánica".

El éxito de las normativas

La posidonia, endémica del Mediterráneo, cuenta con un alto grado de protección por parte de la normativa comunitaria y parece que se ha logrado que disminuya más lentamente que a finales del siglo pasado.

En palabras de Sánchez Lizaso, la posidonia oceánica es muy vulnerable y su recuperación resulta "muy lenta" ya que pueden tardarse varios siglos en volver a tener una pradera de esta especie.

Los expertos creen que la gestión comunitaria en torno a las praderas marinas  "funciona" y que "si se hacen las cosas bien se puede ralentizar la pérdida o provocar recuperaciones".

Estos ecosistemas costeros son muy sensibles a la presión humana, sobre todo a la contaminación, y la mejora generalizada en el tratamiento del agua vertida al mar desde principios del siglo XXI ha propiciado que las praderas hayan respondido favorablemente.

En el caso de la posidonia, también se ha beneficiado de la rigurosa normativa que le protege, que se ha traducido por ejemplo en Alicante en la reciente denegación por parte del Tribunal Supremo de ampliar el puerto de Campomanes, en Altea, o en la prohibición de construir granjas marinas si hay praderas presentes.

Pese a que "la legislación ayuda, no es suficiente", según Sánchez Lizaso, quien ha añadido que los biólogos del proyecto COST coinciden en que "queda mucho por hacer" y, entre otras propuestas, valoran si debe extenderse al resto de especies la protección de la que goza la posidonia.

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