El mensaje claro de los votantes italianos: que alguien nos rescate

  • Los resultados de las elecciones italianas ha causado estupor en Europa.
  • ¿Por qué ha 'resucitado' Silvio Berlusconi, cuya coalición de centroderecha es la segunda fuerza política, si tiene varios procesos judiciales pendientes?
  • Beppe Grillo, cuyas listas están compuestas por gente elegida en Internet, ha sido el partido con más votos —8,68 millones— y tiene la llave para gobernar.
  • Los electores han votado contra las políticas europeas de Monti y la corrupción, pero también por su protección económica en un momento muy duro.
Silvio Berlusconi, en el programa televisivo 'Otto e Mezzo'.
Silvio Berlusconi, en el programa televisivo 'Otto e Mezzo'.
GTRES

Una de las frases más escuchadas de los últimos días es "no entiendoqué ha pasado en Italia". Las elecciones generales celebradas el pasado fin de semana, que han dejado al país en una situación compleja, han sacudido también a Europa por lo que representan: una patada al exprimer ministro Mario Monti, un grito indignado junto a Beppe Grillo y un guiño nostálgico a Silvio Berlusconi.

Mientras Jose Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea, ha pedido a los dirigentes europeos que huyan de todo lo que huela a "populismo", el ministro de Exteriores español, José Manuel Margallo, habla de un "salto hacia ninguna parte". Y todo esto, a pesar de que el vencedor "relativo" ha sido el líder del centroizquierdaPier Luigi Bersani, que cree que lo ocurrido se achaca a las ganas de huir de la crisis, agravada por políticas "equivocadas".

La coalición de Bersani ha obtenido el 29,5% de los votos —y la mayoría absoluta— en la Cámara de los Diputados; en el Senado, sin embargo, nadie ha logrado mayoría y un resucitado centroderecha, con el exprimer ministro Berlusconi al frente, ha alcanzado el 30,7% —Bersani el 31,6%—.  No le han pesado a Il Cavaliere ni el caso Ruby, ni el proceso por fraude fiscal en el caso Mediaset ni el caso Unipol. El Movimiento 5 Estrellas, por su parte, ha batido récords: de cero a 8,68 millones de votos.

¿Era esto lo que querían los ciudadanos? El supuesto voto contra los recortes, el desengaño y el lío formidable de líderes —un tecnócrata, un cómico, un político tradicional y un investigado por corrupción y acusado, entre otras cosas, de incitación a la prostitución de menores—, algunos de los cuales ni siquiera concurrían de verdad a las elecciones, se suma a la abstención creciente, que ha alcanzado el 24,83%. El resultado se llama estupor, aunque tiene su lógica; y también una explicación.

Ideología y capacidad de los partidos

"La lista de factores que pueden influir en el voto es innumerable", explica a 20minutos.esEva Anduiza, profesora del Departamento de Ciencia Política de la UAB. Cada uno de estos factores, añade, "tiene un peso específico muy pequeño". El voto, en cualquier caso, es uno de los comportamientos "más difíciles de explicar". Eso es lo que ocurre ahora mismo con Italia, que pocos se atreven a decir por qué los italianos han votado así.

En la decisión de voto de una persona intervienen elementos como "la posición social, el nivel de estudios, las creencias religiosas, el lugar de nacimiento, la lengua, las actitudes políticas, la ideología, etc.". Y, claro, también el contexto. Por eso pueden llegar a arrastrar votos ciertas personalidades que sacan rendimiento electoral, por ejemplo, con promesas de tinte económico —Berlusconi dijo que devolvería el dinero de impuestos ya pagados—, o "gente nueva", como Grillo, que se aleja del perfil político de siempre, "de los que son, según él, un desastre".

No obstante, recuerda Anduiza, "lo que tradicionalmente dice la ciencia política es que se vota a un partido más que a un líder", que importan más las orientaciones ideológicas. Belén Barreiro, expresidenta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y fundadora de la empresa de investigación social MyWord, insiste en que el comportamiento electoral se rige principalmente por la ideología —"votamos por proximidad"—, aunque hay un segundo elemento muy importante: "la capacidad de los partidos, si lo están haciendo bien o mal".

Este factor es crucial para los votantes ideológicos —se fijan en cómo lo hace 'su' partido—, pero también para los no ideológicos. Aproximadamente, uno de cada cuatro electores no tiene ideología, tanto en España como en otros países; además, están aquellos que se declaran "de centro". En el barómetro de enero del CIS, el 36,3% de los encuestados dijo que no consideraba a "ninguno" de los partidos como "el más cercano a sus ideas". Ninguno. Sin embargo, solo 21,5% dijo que no votaría si hubiera unas elecciones al día siguiente.

"Necesidad" de ser rescatados

El mensaje claro que han lanzado los italianos, sobre todo atendiendo a los resultados logrados por Grillo y Berlusconi, pasa, en todo caso, por su "necesidad de que les rescaten", pero a ellos, a los ciudadanos, explica Barreiro. Y ahí estaban algunos dispuestos a hacerlo.

Por un lado, la actuación de Grillo, sin entrevistas, acudiendo "a la plaza" y eligiendo a los integrantes de sus listas por Internet —da "poder a los ciudadanos frente a lo que hay", aunque para algunos eso sea una equivocación—, ha alimentado en poco tiempo la euforia antieuropea y anti-Merkel. También se ha posicionado de forma "radical" contra la corrupción y ha centrado su programa en encontrar "una solución a la caída permanente de la calidad de vida". Los que han votado al Movimiento 5 Estrellas lo han hecho, por tanto, contra Monti y contra la corrupción.

"Grillo es el paraguas de una serie de grupos y colectivos que ya participaban activamente en diversas realidades sociales de la política: los que estaban en contra de la TAB (líneas de alta velocidad en Italia), los que estaban en contra de privatizar el agua, etc.", explica a 20minutos.es por teléfono desde Roma Edoardo Novelli, periodista y profesor de Comunicación Política en la universidad Roma Tre. "Si luego miras sus propuestas te das cuenta de que hay un programa detrás. No es un loco que se ha metido en la política", añade.

En cuanto a los votantes de Berlusconi, su prioridad, por encima de una corrupción que "creen extendida", es "que alguien les defienda", dice Barreiro. Su postura es "agarrémonos al líder que nos protege" frente a lo que ha venido después: Italia tiene en estos momentos un endeudamiento público por encima del 120% de su PIB.

El voto —a priori— "racional" a Monti, por contra, no ha triunfado; la gente cree que ha "vulnerado el mandato ciudadano", según Barreiro. Novelli dice que "se le presentó como una alternativa y en cambio tuvo una actitud muy contradictoria en sus propuestas. Eso le ha perjudicado mucho". Para el periodista, Italia, un país en el que "la batalla política siempre ha estado muy presente", se encuentra en estos momentos "en una fase postideológica en la que se han visto las afiliaciones a los grandes partidos", de ahí el apoyo a Berlusconi.

Pero, ¿por qué alguien decide dar su voto a un imputado, acusado o procesado por la justicia? Precisamente, "porque tenga una vinculación con el partido" al que es afín esa persona, y por ese motivo, se muestra "menos dura" a la hora de "valorar una implicación", dice Anduiza; o bien, añade, porque "a pesar de que no son todo lo limpios que deberían ser", esos candidatos "gestionan bien". ¿Eso se podría aplicar también a España? "Sí", responde.

La razón económica, más poderosa

En mayo de 2011, el PP valenciano consiguió su mejor resultado histórico en escaños en unas autonómicas a pesar de que Francisco Camps, presidente de la Generalitat y candidato a la reelección, estaba imputado en el caso Gürtel. Meses después, fue absuelto por el asunto de los trajes, aunque en diciembre de 2012, tres antiguos miembros del Consell que presidía, que ahora son diputados en Les Corts, fueron procesados. En octubre del año pasado había una decena de parlamentarios autonómicos valencianos del PP imputados, de un total de 55.

¿La corrupción o su sospecha no pasan factura? Víctor Lapuente, profesor en la Universidad de Gotemburgo, explica en su informe Por qué la corrupción no se castiga que hay tres factores que influyen en la tolerancia con la corrupción: la presencia de medios de comunicación "independientes" en el lugar de los hechos; la "habilidad" de los políticos involucrados para movilizar recursos y apoyos —"colonizar una administración local o regional en España es relativamente sencillo", dice—; y, por último, el propio sistema, que hace que tengamos que votar "no a candidatos, sino a partidos" y que no permite "dirigir el voto hacia alternativas nuevas o minoritarias" —bipartidismo—.

El problema de la corrupción es, sin duda, "muy importante" para los electores de derechas, según Barreiro, pero la solución a los problemas económicos ha sido "una razón más poderosa". El PP, explica, "ha conseguido transmitir la idea de que eran los más capaces económicamente", a pesar de que en España hay una "mayoría social de izquierdas". Otra cosa es que ahora se esté empezando a quebrar esta imagen; "Hay una fase de desencanto", asegura. A esto habría que añadirle, además, que el principal partido de la oposición, el PSOE, también ha tenido casos de corrupción en su seno.

La corrupción preocupa, en Italia y en España. En el barómetro de diciembre de 2012 del CIS se preguntó por cuál debería ser "el principal objetivo de la sociedad española en los próximos cinco años". Ganó el paro (64,5%); en segundo lugar quedó la corrupción política (30,2%). ¿Nuestra decisión de voto suele pensar en el largo plazo? "Es una pregunta difícil", dice Barreiro, porque la percepción hoy es que "el largo plazo va a ser malo y el corto es insostenible"; a lo mejor es que deberíamos estar hablando, sin florituras, de una "señal desesperada" de los votantes.

Mostrar comentarios

Códigos Descuento