Fosso contra Mapplethorpe
Autorretratos realizados en el mismo año (1980) del camerunés Samuel Fosso (izquierda) y el estadounidense Robert Mapplethorpe © Samuel Fosso, Courtesy JM Patras/Paris - © Robert Mapplethorpe Foundation

Que en occidente nos complicamos la vida no es solamente un lugar común. La verdad intrínseca de la afirmación —por supuesto, repleta de matices e imposible de ser considerada con carácter general— es aplicable también a las artes. La exposición de fotografía Ladies and Gentlemen! (¡Señoras y señores!) confronta la mirada compleja de los retratistas occidentales con la sencilla de los africanos.

La muestra, organizada por el Moderna Museet de Malmö (Suecia), permite comparar las diferentes maneras de afrontar el subgénero fotográfico de los artistas de una y otra parte del mundo etre 1950 y 1990. Si los retratistas occidentales optan por la teatralidad y el artificio efectista, los africanos prefieren un acercamiento directo en el que mandan las emociones.

Homenaje a una serie de Warhol sobre 'celebrities'

Ladies and Gentlemen! reúne casi medio centenar de piezas, todas propiedad de los fondos del museo sueco, que tiene una de las mejores colecciones de fotografía contemporánea de Europa. La exposición toma el nombre de una muy conocida serie de Polaroids de celebridades realizadas por Andy Warhol en los años setenta.

La exposición contiene retratos de, además de Warhol, algunos de los fotógrafos que cultivaron el retrato con mayor ardor en las cinco décadas analizadas de cuatro primeras figuaras occidentales: los estadounidenses Cindy Sherman y Robert Mapplethorpe, la australiana Tracey Moffatt y la finesa, auqnue residente en Francia, Elina Brotherus. Por el lado africano hay obras de Seydou Keïta, Malick Sidibé y Samuel Fosso, los dos primeros de Mali y el último de Camerún.

Los occidentales se complican la vida. Los africanos son pragmáticos y de maneras sencillas No es una cuestión de medios

Si bien los ocho desarrollaron su estilos respectivos en la misma época, la fractura formal entre los que procedían y estaban asentados en el primer mundo y los que trabajaron en la costa occidental de África es de enorme magnitud y no tiene nada que ver con una simple cuestión de medios técnicos y capacidad de acceder a ellos. Para simplificar podríamos volver a repetir la frase con que se abre esta reseña: los retratistas occidentales se complican la vida, mientras que los africanos son pragmáticos y de maneras sencillas.

Warhol, Sherman y Mapplethorpe, grandes estrellas y figuras veneradas, trabajaron el retrato teniendo presente —en ocasiones, demasiado presente— el papel de los conceptos de identidad, sexualidad, travestismo o feminidad. Practicaron la fotografía como mascarada, manipulación y escenario de prueba de simulación de identidades y roles, convencidos de que el retrato debía mostrar de manera inequívoca una postura ideológica frente a los demás.

El travestismo de Mapplethorpe era vanidoso. El de Fosso, potente  Al contrario, Keïta, Sidibé y Fosso hicieron de los retratos de estudio un género grácil y de enorme elegancia. En la obra de los tres hay, desde luego, una posición ideológica —como en toda fotografía—, la alegría y esperanza que despertaron en África los procesos de descolonización e independencia, pero no mediatizan el mensaje con actitudes estéticas artificiosas poque prefieren hacer uso de una mirada limpia. Es reveladora la comparación entre los autorretratos de travestismo Mapplethorpe, sobrecargados y vanidosos, con los de Fosso, naturales y mucho más potentes ante los ojos del espectador.