Es posible que nunca haya reparado en ellos, pero resultan fundamentales para darle credibilidad a una ficción. Se trata de los figurantes, esas personas que completan una escena en series y películas, que pasan por detrás de los actores principales, que llenan las mesas de una terraza o que compran en el mercado en el que se desarrolla una supuesta trama.

20minutos.es se mete por un día en la piel de un figurante, para contar en primera persona cómo es el trabajo de estos actores en la sombra. Para el experimento elegimos la serie El secreto de Puente Viejo, producida por Boomerang TV y emitida en Antena 3, que además cumple ahora un año en antena. La serie ofrece el atractivo de ser una ficción ambientada en 1903, por lo que al hecho de hacer de figurante se une el hacerlo volviendo un siglo atrás.

En esta ficción se pueden rodar unas 24 escenas cada día, de las que saldrán unos 50 minutos de serie La cosa comienza madrugando para llegar a los platós de la serie, a las afueras de Madrid. Varias naves industriales acogen la reproducción del pueblo de Puente Viejo, donde se desarrolla la serie. El rodaje de esta serie, de emisión diaria (lunes a viernes a las 17.30 h), es vertiginoso y después de 250 capítulos rodados y emitidos todo el mundo sabe bien qué debe hacer, incluidos los figurantes, que suelen repetir. Lo primero que visitamos es el departamento de vestuario.

Nuestro aspecto no les pilla de nuevas, puesto que días antes recibieron nuestra talla de camisa, pantalón y zapatos, además de una foto nuestra. Así, tienen preparado nuestro atuendo, acorde a la época y a la función que vamos a desempeñar en la escena que nos ha tocado. Allí nos despojamos del atuendo del siglo XXI y nos ponemos la indumentaria de un gañán de 1903.

Con nosotros la tarea es sencilla. Somos sólo dos figurantes, pero a diario reciben una media de seis, y para alguna escena han necesitado hasta 30 personas vestidas de época. La ropa procede de Cornejo, una empresa dedicada al alquiler de vestuario de época, y del propio departamento de vestuario, donde se diseñan y fabrican prendas ex profeso.

La siguiente parada está en maquillaje y peluquería. Allí también han recibido nuestra foto. Habitualmente a los figurantes no se les maquilla, pero sí se les puede ambientar, si por ejemplo, se supone que vienen de trabajar del campo y hay que pintarles unos manchurrones en la cara. Si se trata de figurantes con frase, o extras, se les dedica una pequeña sesión de maquillaje de unos 20 minutos. Siempre con un maquillaje natural y discreto, acorde a la época, cuando las mujeres humildes no iban maquilladas.

La jornada habitual de un figurante ronda las diez u once horas Ya estamos listos para comenzar a rodar y el rodaje comienza... con una espera. De hecho, es una de las labores más importantes de un figurante: esperar. En El secreto de Puente Viejo se rueda en dos platós simultáneamente y las escenas se ruedan en función de la localización y no de su orden natural según el guión. Así, los figurantes deben esperar a que llegue el momento en que sean requeridos para una toma. Francisco Javier, figurante desde hace un año nos lo confirma: "la mejor virtud de un figurante es la paciencia".

En esta ficción de Antena 3 se pueden rodar unas 24 escenas cada día, de las que saldrán unos 50 minutos de serie. La jornada habitual de un figurante ronda las diez u once horas, por las que, dependiendo de la producción, de lo que dure el rodaje y otros muchos factores, se puede cobrar entre 30 y 50 euros por jornada. Suelen incluirse en esta varios parones para descansar y comer algo, a cuenta de la productora, que facilita el cátering.

Nosotros sólo apareceremos en una escena, pero en ocasiones los figurantes tienen "raccord", o sea, que aparecen en una misma secuencia, compuesta por diferentes escenas, que se han podido grabar en diferente momento, por lo que deben esperar y mantener su atuendo hasta el final de la secuencia. Esto puede hacer que un mismo figurante deba acudir al plató en días diferentes, pero manteniendo exactamente el mismo aspecto.

Comienza el rodaje

Tras la espera, llega nuestro momento. Varios figurantes esperamos en la plaza del pueblo y un ayudante de dirección nos da las instrucciones. Se trata de una escena dentro de la casa de comidas. Nos ha tocado hacer de comensal, dentro de la taberna. Antes de empezar, los actores protagonistas repasan su texto y una vez hecho tomamos posiciones. Se hace una primera toma de prueba, donde se pulen los detalles de luz, movimiento, texto...

El ritmo trepidante de la grabación no permite confraternizar con los actores, ni con los miembros del equipo. Todo el mundo está concentrado en su labor, en que todo salga bien y no se pierda el tiempo en repeticiones que retrasarán el rodaje y el ritmo de la serie.

Veinte minutos y seis tomas después la escena está lista Y comienza el rodaje. Nuestra premisa: ser naturales y no mirar a la cámara, debemos hacer que comemos unos garbanzos. ¡Corten! Hemos de repetir la escena, algo ha salido mal. En la primera toma los grabanzos, que provienen del departamento de atrezzo, están calientes, pero enseguida se quedan fríos. No hace falta que comamos, nos dicen, sólo que lo hagamos parecer.

La segunda toma comienza. En silencio, mientras los actores dicen su texto, en la mesa movemos los labios y gesticulamos, como si mantuviéramos una conversación. A ratos bebemos de nuestros vasos, donde un zumo de color rojo imita el vino.

Veinte minutos y seis tomas después la escena está lista. Es la toma buena. Todo se desmonta rápido, cámaras, atrezzo, actores... todo se cambia rápidamente para la siguiente escena.

En el resultado, en los pocos segundos que se emitirán se nos puede ver en primer plano, apenas un instante, tras el cual pasamos a ser lo que debemos ser, el telón de fondo de la narración.