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"La reinvención del arte en los EE UU", dijo Steven Arnold sobre este retablo viviente Steven Arnold

Según sus amigos el adjetivo que mejor le cuadraba a Steven Arnold (1943-1994) era "versallesco". Si en Nueva York la noche de los años setenta estaba marcadas por las fiestas de rock and roll y drogas anfetamínicas de Andy Warhol en The Factory, en la otra costa de los EE UU, la occidental de Los Ángeles y San Francisco, quien cortaba el bacalao de la animación era Arnold, pero su estilo era más sedoso, más teatral.

Protegido por Salvador Dalí, que invitó al polifacético artista, a quien llamaba "mi príncipe", a participar en la inauguración del Teatro-Museo Dalí de Figueres, Arnold hizo de todo: fotografía, cine, teatro, pintura, escenografía... Nunca se olvidó de su activismo como drag queen y defendió los derechos de los sexualmente indecisos.

Una de los mejores amigas de Arnold, Stephanie Farago, mantiene el sitio web The Steve Arnold Archive, dedicado a recopilar el variopinto legado del artista. Su intención es editar un libro biográfico acompañado de un DVD con las muchas películas, largos y cortometrajes, que dirigió o en los que intervino.

Viaje iniciático en busca de la libertad sexual

Actor en el grupo de teatro drag The Cockettes, una troupe que se situó en la efervescencia psicodélica de los años sesenta en San Francisco, Arnold dirigió con la compañía como elenco la película de culto Luminous Procuress (1972), un viaje iniciático de dos jóvenes en busca de la libertad sexual. El film encandiló a Dalí, que organizó una proyección-fiesta en un hotel a la que acudió el todo Nueva York de aquel entonces.

Arnold siguió trabajando en lo que la crítica llamó "mundo subterráneo del trasvestismo unisex", pero sus obras más espectaculares las firmó como fotógrafo: retablos vivientes surrealistas en blanco y negro que produjo en una antigua fábrica de Los Ángeles a la que bautizó como Zanzibar Studios. Son fotografías muy preparadas y ornamentadas, donde exploraba sus "visiones" sobre la sexualidad, la fantasía y la espiritualidad.

Durante su corta vida, Arnold se empeñó, como aseguraba, en "no violar jamás mi sinceridad" y alcanzar la paz mediante el "arte ritual".