Kiko Rivera
Kiko Rivera en la presentación de 'Torrente 4'. Jorge París

Durante años, te vimos en las revistas como quien contempla a un panda recién nacido o al vástago de Copito de Nieve: bronceado por los flashes, te exhibían como al último bebé de una especie. Seguido por el microscopio público y alimentado por el biberón de la fama, te vimos crecer dando inseguros pasos en un escenario, pateando con poca fortuna un balón y, siempre, como el pequeño cero a la izquierda de una poderosa madre. Eras Paquirrín... ¡Pero lo asesinaste para ser Kiko Rivera!

Fue a ese, a Kiko, a quien conocí por Torrente 4. Yo no tenía prejuicios, pero muchos sí: "¿Que vas a entrevistar a Paquirrín? -me decían-, pero ¿qué va a contarte ese?". Pues, durante 20 minutos, me contaste muchas cosas: con tu gorra de chulapo, la sonrisa perenne y tus ojitos canallas (pequeños y vivos, como dos diminutos roedores paseando por tu cara) te rebelaste contra los que te critican ("Esto me sirve para callar bocas y demostrar que no me toco los cojones"), mostraste sentido común ("¿Que si quiero triunfar en el cine? ¡Están las cosas como para decirle que no a un curro!") y hasta hablaste de tu infancia ("Pues claro que fui el niño de España... ¡si hasta me tiran de los mofletes por la calle!").

Los que te trataban en primera persona no tenían quejas: que si haces todo lo que te dicen, que si eres muy buen chaval...

La película triunfó, pero las críticas no cesaron. Es lógico: en días de crisis, desesperación y rencor, es difícil que un pueblo tan criticón como este no te criticara a ti. Eso sí: luego iban a ver la película, y los que te trataban en primera persona no tenían quejas: que si haces todo lo que te dicen, que si eres muy buen chaval... Eso sí: me decían que eres un golfo y que te gustan más las chicas que los lápices a un tonto. Será verdad: soltaste la mano de mamá para, con las dos extremidades libres, aferrarte a cubatas y chatis. La lista es larga: que si Noelia Cortés, que si Tamara García, que si María del Mar Hernando... Todas ellas lozanas reinas de la periferia, siempre dispuestas a saltar de la foto del noviazgo, bien agarraditas por ti en un balcón sevillano, al posado en Interviú.

Pero al final, es así como llegan las cosas, apareció la chica adecuada. Se llama Jessica Bueno, es sevillana y modelo, tiene 21 años y antes fue vista con Feliciano López (vaya cambio, ¿no?). La verdad, Kiko: es muy guapa. Y algo más: se te ve muy enamorado. En Twitter (cómo te gusta el juguetito) no paras de declararle tu amor, se os ve siempre juntos en aeropuertos y fiestas y, lo más importante, ya hay hasta foto de familia (en la portada, claro, del ¡Hola!): ella, tú y tu madre, Isabel Pantoja, anunciáis que habrá boda en enero y niño en verano. Así, todos estamos contentos: Jessica tendrá su bebé y todas las portadas que quiera, tú cambiarás los ligues por los pañales (con lo que eso enriquece), y tu madre, después de tantos disgustos, se convertirá en la abuela de España. ¿Y nosotros? Pues dormiremos un poquito más tranquilos porque, por fin, el niño se nos ha convertido en un hombre.

¿Y de qué vivirá la criatura?

Basta ver lo saludable y fornido que está para comprender que Kiko Rivera ni pasa ni ha pasado mucha hambre: pese a sus idas y venidas a los juzgados, su madre, Isabel Pantoja, maneja una fortuna de unos 20 millones de euros, así que al chico nunca le faltó de nada. Pero hay más: Rivera ha sido mileurista (durante un tiempo trabajó en una gestoría madrileña), monologuista (inolvidable, por ejemplo, su presencia en Desmontando a Paquirrín), aventurero (luciendo cuerpo en Supervivientes) y, ahora, papá bien pagado: dicen que ¡Hola! pagará 850.000 euros por el pack boda, viaje de novios y bautizo.