Isabel Gemio
La presentadora Isabel Gemio.

Isabel Gemio

La televisiva Isabel Gemio, ahora al frente del consultorio radiofónico Te doy mi palabra (Onda Cero), ha recogido en Aprende a ser feliz (Espasa) buena parte de lo que sus oyentes le han ido contando. Lo que gane con el libro será, lo repite varias veces durante la charla, para su fundación: fundacionisabelgemio.com.

Con un título como este se lo tengo que preguntar: ¿cómo se aprende a ser feliz?
Esforzándose. La felicidad se tiene que conquistar. La vida es un eterno aprendizaje y hay que aprender a encauzar los inconvenientes y adversidades. Lo importante es cómo salimos de los problemas. Hay que aceptar que adversidad y sufrimiento son parte de la vida.

Soy de buscar la excelencia: esa es mi obsesión

¿Se puede aprender a ser feliz?
Todo se puede aprender y mejorar escuchando a los demás, no obsesionándonos con lo que no funciona. La mayoría somos reincidentes en dar vueltas a pensamientos negativos y hay que dejarlos aparcados. En la vida estamos aprendiendo siempre, pero sobre todo en la vejez y en la madurez. Decía Confucio que lo importante es no ser infeliz.

¿Con eso se conforma?
Sí, y ya no sufro tanto cuando algo no me sale bien. Y es un logro para mí, que soy obsesiva y perfeccionista.

¿Sufrió mucho en la tele?
Mucho. Gabilondo dijo que había elegido el peor oficio para ser un perfeccionista. Me uno a él. Yo soy de buscar la excelencia: esa es mi obsesión. Y la tele es voraz.

¿Una sociedad ansiosa por ser feliz y serlo ya?
Sí, se nos ha vendido que consumiendo estaríamos mejor y hemos comprobado que no. Se exige demasiado y se da menos. Creo que esta crisis viene a poner las cosas en su sitio. Se acabó la fiesta.

¿Cómo?
Aún estamos en la resaca, no sabemos qué y cuánto bebimos ayer, pero igual cuando pase mejoramos y trabajamos menos, tenemos más ocio, disfrutamos de los hijos. Nos han bombardeado con que cuidemos el cuerpo, pero no con que cuidemos la mente, y así estamos, llenos de insatisfacciones y medicándonos más que nunca. Y eso ha de llevarnos a una reflexión. Hace falta mucho reciclaje.

Mª Jesús Álava

La psicóloga M.ª Jesús Álava ha firmado con Gemio esta obra, en la que ambas recogen todo tipo de testimonios y los consejos de Álava para empezar a ponerles remedio.

¿Qué conflictos están generando más consultas?
Un porcentaje muy alto son problemas de familia: hijos y nietos con conductas difíciles o con problemas en los estudios. También los problemas de pareja: de convivencia, por un lado, y de abuso o vejación, por otro. Lo siguiente son casos de inseguridad, baja estima, ansiedad, adicciones...

¿Cuáles se han intensificado con la crisis?
La gente que ha perdido su trabajo o está a punto de perderlo. Esos cada vez son más y están en situaciones límite.

¿Cómo les ayudan?
Tratamos de que la persona pueda desarrollar su inteligencia emocional para afrontarlo.

La felicidad no se puede encontrar, pero sí conquistar

Sí, pero ¿cómo?
Con una actitud proactiva con coraje, fuerza, ilusión y también inteligencia. Para poder aprovecharla si nos sale una oportunidad entre 100. Hay que sacar lo mejor.

¿Cómo ve usted desde la psicología nuestra sociedad?
Con un desánimo enorme. Los padres se sienten desbordados por la agresividad de los hijos, que en muchos casos han sido sobreprotegidos. A veces se han fomentado actitudes egoístas en ellos y falta de confianza. Es una sociedad que está viviendo en medio de la incertidumbre.

Y en medio de este caos, ¿qué es lo que las empresas más les están solicitando para sus empleados?
Cursos de gestión del estrés y de la incertidumbre, y también de motivación.

Si tuviera que trazar una rápida radiografía de los problemas más frecuentes de pareja, ¿cómo sería?
Más del 25% vienen derivados de problemas laborales, porque la situación afecta de forma dramática a la pareja. Algunos, tras separarse, se dan cuenta de que se equivocaron: el problema era la crisis, no la relación.

¿Qué recomendación daría a nuestros lectores?
Además de tener hábitos saludables, les diría que buscaran algo que les generara ilusión, porque la ilusión rompe barreras y ayuda a sortear los obstáculos y a seguir generando energía para superarlo. La felicidad nos la merecemos, y no se puede encontrar, pero sí se puede conquistar.