Lo que para una persona puede ser extremadamente erótico para otras es la mayor aberración jamás vista. 

En el plano escatológico, debemos establecer los límites que hacen que un acto se convierta en algo sensual o todo lo contrario. Los fetichismos como la lluvia dorada son un ejemplo de antierotismo para unos y erotismo en estado puro para otros, pues en los límites que establezcamos cada uno reside el gusto por unas cosas u otras

No somos raros

No sólo en las prácticas sexuales se es más o menos erótico. El canon de belleza impuesto actualmente se traduce en mujeres delgadas con pecho siliconado teniendo sexo con hombres con tableta de chocolate haciendo las veces de abdominales. 

Parece ser que si no pertenecemos a este grupo de privilegiados no entramos a formar parte de las fantasías sexuales de las personas. Gorditos, embarazadas o chicas con una 85 de pecho. Personas que pueden resultar igual de eróticas ante la mirada de las personas sin tener que formar parte de los llamados 'clasificados raros' que encontramos en páginas porno de Internet.

Sin higiene no hay erotismo

Lo que sí me resulta sumamente antierótico es la mala higiene. Uñas que escondan pelotillas de calcetines, dientes que no se han lavado en décadas, mal aliento o mal olor en diferentes partes del cuerpo. El sexo se debe mostrar como algo limpio (en cuanto a higiene) y difícilmente un cuerpo puede dar sensación de pulcritud cuando huele o sabe mal. 

Eso, desde mi punto de vista, sí es antierótico y no ver un cuerpo diferente al de 'Los Vigilantes de la Playa' o una práctica sexual tipo BDSM. Como he dicho antes, los límites los establecen quienes disfrutan de la relación sexual.