Simone Biles
La estadounidense Simone Biles realiza su ejercicio de barra durante los Mundiales de Gimnasia de Doha (Qatar). EFE

Lo que ha conseguido Simone Biles en los Mundiales de Gimnasia de Doha (Qatar) ya es una de las historias deportivas más grandes de los últimos tiempos. Y no sólo por los números, que también, sino por cómo lo ha hecho. De entrada, ha batido tres marcas históricas y se convierte en la mayor leyenda de todos los tiempos de este deporte, por encima de nombres como los de Nadia Comaneci o Mary Lou Retton.

Biles logró estos días lo nunca visto: cuatro oros mundiales (equipos, individual, salto y suelo, su especialidad) lo que la ha llevado a acumular un total de 14 preseas doradas y superar la marca del legendario bielorruso Vitaly Scherbo, que llegó a 12 en 1996. A estos hay que unir la plata en paralelas y el bronce en barra, con lo que la deportista que asombró en los Juegos de Río 2016 salió de Doha con seis medallas en total.

Simone Biles ya es la gimnasta (hombre o mujer) con más medallas de oro mundiales, y también con más medallas en total, 20, empatada con Svetlana Khorkina. Biles sale por delante en la comparativa, al tener más oros, lo que la convierte en la gimnasta más condecorada de la historia de los mundiales de gimnasia, algo que a la rusa (que acusó a Biles de dopaje) no le habrá sentado nada bien.

Si estas dos marcas ya son de por sí para que sus rivales se echen a temblar, es la primera gimnasta en 30 años en ganar una medalla en todas las pruebas mundiales en las que ha competido, algo que sólo logró la mítica gimnasta soviética Yelena Shushunova, campeona olímpica en Seúl 1988 y que murió el pasado verano.

Su participación en los Mundiales de Doha estuvo a punto de suspenderse. Sólo un día antes de enfundarse el maillot y liarse a tirar muros de la historia del deporte, tuvo que ir a urgencias con fuertes dolores en la zona lumbar. Lo que parecía una lesión muscular era una piedra en el riñón.

Los médicos le preguntaron que qué quería hacer, y ella no tuvo dudas: no sólo quería competir, sino que lo haría sin medicarse para evitar un posible positivo en dopaje. Ella misma lo contaba en twitter, acompañada de dos fotos sonriente: "esta piedra en el riñón puede esperar".

Todo esto después de 18 meses sin competir, tras haber bregado por el camino con el traumático trago de revivir los abusos del doctor Larry Nassar y participar como testigo y acusación de un juicio que muchos vieron como el prólogo al movimiento 'Me too' que estalló con las denuncias al productor Harvey Weinstein.

Biles se ha convertido no sólo en un referente deportivo, sino también social y a sus 21 años tiene claro cuál es su próximo objetivo: los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.