Lochte y Phelps, comiendo pasta en una piscina de hielo.
Lochte y Phelps, comiendo pasta en una piscina de hielo. Instagram Ryan Lochte

Conocido es el inmenso apetito de Michael Phelps, la leyenda viva de la natación que, solo para desayunar, se mete para el cuerpo tres sandwiches con huevos fritos, queso, cebolla, tomate, lechuga y mayonesa, una tortilla de cinco huevos, un tazon de avena, tres tortitas de chocolate, tres tostadas y dos tazas de café.

Su voracidad es lógica, teniendo en cuenta el gasto calórico que realiza cada día, en cada entrenamiento y durante cada competición. Así que cualquier momento es bueno para reponer energía con hidratos.

Poco antes de la final de los 200 estilos, en la que se colgaría su oro olímpico número 22, el íntimo amigo y rival de Phelps, Ryan Lochte, compartió por Instagram una simpática imagen de ambos reponiendo fuerzas, con un buen plato de pasta, mientras relajaban su cuerpo en una piscina de hielo.

La fórmula parece que funcionó para el de Baltimore, pero no así para Lochte, que terminó la prueba desfondado y sin medalla.