Niki Lauda y Alain Prost
Niki Lauda ostenta el récord de ser el campeón del mundo con menor diferencia con el segundo: le sacó sólo 0,5 puntos a Alain Prost en el Mundial de 1984. McLaren

"¡Es peor que Judas. Se vendió a la competencia por unas monedas!". Con estas amables palabras, Enzo Ferrari analizó el fichaje de Niki Lauda por Brabham en 1978, dos años después de volver de la muerte en Nürburgring y justo después de proclamarse campeón del mundo con Ferrari, una sensación que no se volvería a vivir en la Scuderia hasta varias décadas después.

Esta anécdota resume muy bien lo que fue Niki Lauda, el último gran campeón que ha perdido la historia de la Fórmula 1, una competición a la que llegó después de embaucar a su familia (adinerada) para que le dejaran correr. Lauda ha muerto casi 43 años después de lo que le tocaba. Siempre lo dijo: tras quel 1 de agosto de 1976, su tiempo le vino de regalo. Ese día visitó el infierno, miró al diablo a los ojos, esbozó una media sonrisa y le dijo que se volvía a la Tierra, que tenía un Mundial de Fórmula 1 que ganar.

Desde que salió del amasijo de hierros que era su Ferrari, gracias a la pericia entre otros de Arturo Merzario (pasó a la historia por salvar al austríaco y por sus vistosos sombreros texanos), a Lauda siempre le acompañó una mirada mezcla de admiración, respeto y horror. Como le dijo uno de sus grandes rivales deportivos (no el único, sí el más conocido) James Hunt: "No te preocupes por tu cara, Niki, ya eras horrendo antes del accidente".

Su historia de amor-odio con James Hunt fue legendaria, como demostró Ron Howard en 'Rush', una película mucho más épica de lo que la realidad fue aquella temporada 1976. El actor que interpretó a Lauda en la gran pantalla, Daniel Brühl, describía al austríaco como "un hombre muy poco diplomático". Poco más se puede añadir.

Montó la única huelga de la historia de la F1

A Niki Lauda le costó mucho tener amigos en el paddock. Tampoco los buscaba. Irónicamente, Hunt era uno de los pocos con los que compartió risas y amistad durante muchos años, pero poco más. Por eso le dolió menos retirarse del GP de Japón de 1976, cuando vio que la lluvia ponía en riesgo su vida sólo unos meses después de salir del hospital con la cara y buena parte del cuerpo quemada: él pidió que el resto de pilotos se negaran a correr, y no le hicieron caso.

Esta fue otra de las características personales de Lauda: como le describió Ron Dennis, su jefe en McLaren, era un "auténtico tocapelotas". De hecho, fue por su afán de tener el control de todo lo que tenía que ver con su pilotaje (desde los reglajes, que no compartía con sus compañeros, hasta las últimas comas del contrato) lo que le llevó a promover la famosa huelga de 1982 en el GP de Sudáfrica.

Lauda volvió en 1982 a la Fórmula 1, después de tres años de retiro más o menos voluntario. En el momento de solicitar la superlicencia que había perdido con su marcha en 1979, descubrió en una de las cláusulas de los interminables requisitos que pedía la FISA (hoy FIA) que su concesión estaba vinculada al contrato con su equipo. Es decir: sólo se la daban si tenía un equipo en el que pilotar, y la duración dependía de este.

Lauda se negó a pasar por ese aro, argumentando que les convertían en pura mercancía, y enredó a otros pilotos como Didier Pironi o Nelson Piquet (a este hacía falta poco para liarle), que poco a poco fueron llamando a otros corredores, que acabaron en la piscina del Sunnyside Park Hotel de Kyalami, primero, y después en una sala escuchando a Elio de Angelis, que además de un excepcional piloto era un notable pianista.

La 'rata', como le apodaron por su aspecto físico, había hecho más por sus compañeros ese día que en todos los años anteriores. Fue en esa época en McLaren cuando logró su último campeonato. En 1984, compartiendo equipo con Alain Prost (uno de sus grandes enemigos), marcó un hito en la historia aún no repetido: le ganó el título por sólo medio punto.

Viendo que los jóvenes talentos, empezando por un tal Ayrton Senna, venían por detrás, Lauda se retiraba ese año de la Fórmula 1 con tres campeonatos del mundo, 25 victorias, 24 poles, 24 vueltas rápidas y 54 podios. De Lauda fue una de las frases más contundentes que se dijeron sobre Senna cuando murió: "Fue el piloto más grande de todos los tiempos, el mejor de todos nosotros".

Una vida personal disoluta y su amistad con Mercedes Milá

Una vez retirado, Lauda no perdió el tiempo. Durante su retiro a finales de los 70 fundó su propia compañía aérea, Lauda Air, que ha sido su gran proyecto personal y su mayor pesadilla: tantas veces acabó en quiebra, tantas veces la refundó. Acabó vendiéndola a Austrian Airlines, para después fundar otra compañía, Niki, que aún hoy está activa.

No obstante, nunca se desvinculó de la Fórmula 1. Fue asesor técnico de Ferrari desde 1995, siendo uno de los que presionó al equipo italiano para contratar a Michael Schumacher y a los ingenieros que le habían llevado a la gloria en Bennetton, incluido un Ross Brawn que hoy es una de las cabezas pensantes de Liberty Media en la Fórmula 1.

Tras ser comentarista en la RTL de manera intermitente en varios años, fue jefe de la escudería Jaguar entre 2001 y 2002, donde protagonizó una de las grandes anécdotas de sus últimos tiempos. Con su habitual incontinencia verbal, dijo que los coches modernos los podría conducir hasta un mono. Se puso a sí mismo de ejemplo, y se montó en el Jaguar... que estrelló. Desde 2012 se unió a Mercedes y hasta el momento era director no ejecutivo de la escudería alemana, lo que a efectos prácticos le convertía en una especie de 'gurú' para los pilotos.

También tuvo tiempo para casarse dos veces. Su primera esposa fue Marlene, con quien tuvo dos hijos, Luca y Mathias (este último es piloto del Mundial de Resistencia y ha corrido varias veces las 24 horas de Le Mans), y de la que se divorció en 1996 tras el nacimiento de Christian, un hijo fuera del matrimonio, y recientemente, en 2005, con Brigitt, con quien tuvo dos mellizos, Mia y Max. Ella fue una de las que le donó un riñón. El otro, su hermano Florian.

Lauda tenía su residencia en una exclusiva casa en Ibiza. Ahí le hicieron una de sus entrevistas más famosas, por parte de una periodista española: Mercedes Milá. La catalana, gran aficionada a la Fórmula 1 y al motociclismo (fue una de las primeras reporteras en cubrir estos deportes para los medios españoles), consiguió una de las primeras imágenes para la prensa de Lauda sin su reconocible gorra. Desde entonces, fueron grandes amigos.

A diferencia de lo que mostraba ante la prensa, Niki Lauda era un hombre francamente amable y gracioso. O eso dicen sus amigos. A otros les dedicaba frases como "Prost era un perro, pero Alonso es mucho peor", o "Si Fernando Alonso gana el Mundial, sería una broma" (referido a 2007). Y es que, entre los enemigos que se buscó Lauda, uno de ellos fue siempre Alonso. Nunca le cayó bien, dicen que porque el asturiano se negó a competir en Jaguar cuando Lauda era su director.

No obstante, Alonso, como el resto del mundo del automovilismo, sabe que con la pérdida de Niki Lauda, la Fórmula 1 se queda sin una de sus mayores leyendas.

El gran público le conocerá por su brutal accidente en Nürburgring. El mundo del deporte, como un mito que cambió la manera de entender la Fórmula 1.