José y Florencio, durante un entrenamiento
José y Florencio, durante un entrenamiento. EDP

A veces, cuando el espacio es infinito, diáfano... ancha es Castilla: la cuerda se suelta y José vuela a todo gas, con Florencio siempre pendiente. Ambos forman ya una 'pareja de hecho', bien avenida y hasta casi sincronizada en sus recientes paternidades. El cuidado de sus respectivos churumbeles les ha distraído de sus quehaceres: correr, entrenar..., juntos a poder ser. El sábado se situarán en la línea de salida la media maratón de Madrid, ceñirán la cuerda a sus muñecas y ambos, José y Florencio, invidente y guía, saldrán a divertirse primero e intentar acabar después.

«Nos conocimos hace unos dos años y medio a través de la plataforma EDP que organiza quedadas para corredores", recuerda Florencio. «Yo me uní poniendo mis datos y mis ritmos y José me contactó para ver si podía entrenar con él». Desde entonces, este dúo maratoniano ya se ha convertido en comuna en su ruta por los 42,195 km de Valencia, Lisboa o Sevilla.

«Viajamos a cada carrera con los amigos y nuestras familias», apunta José, un espartano a la hora de entrenar: «Corro unos seis días a la semana y si no puedo salir con alguien me voy a la cinta del gym. Con un ojo no veo nada y con el otro, un 0,03%, lo que significa que apenas veo manchas y salir por la ciudad me da mucho miedo, pero si vamos a carreras y llegamos a zonas sin mucha gente, entonces Florencio me suelta la cuerda y...».

No es sencillo lograr la sincronización perfecta. «Hay que practicar mucho. Lo más importante es llevar la coordinación del brazo, subir y bajarlo a la misma vez para así coordinar la zancada y el ritmo», cuenta Florencio, un ironman que no cambia por nada atravesar el arco de la meta enganchado a José: «Esa sensación de satisfacción es superior a todo». Su compañero está de acuerdo: «En alguna meta he llorado como un crío. Lograr esto al lado de un amigo no tiene palabras».

Un reto paralímpico

Madrid se lo tomarán con calma, pero después darán el acelerón, con un objetivo que se acerca poco a poco. "Mi sueño, nuestro sueño, es poder ir a los Juegos Paralímpicos de Tokyo 2020. Para lograrlo tenemos que terminar un maratón en 2 horas y 45 minutos, palabras mayores. Lo intentaremos en Sevilla el año que viene", apuntan los dos, separados ahora por la logística. "Antes vivía en Madrid -dice José- pero por trabajo me he tenido que ir a Jerez. Aún así, logramos correr juntos una vez por semana o en dos semanas".

La distancia no ha minado su amistad, construida y reforzada a base de zancadas. "Hablamos a diario y nos hacemos bromas. La verdad es que nos hemos acostumbrado a correr juntos y se nos hace raro entrenar sin el otro".