Los hermanos Brownlee, oro y plata en el triatlón olímpico
Podio de la prueba de triatlón, con el campeón olímpico Alistair Brownlee (c) y su hermano Jonathan, ambos de Gran Bretaña, y el medalla de bronce, el sudafricano Henri Schoeman (d). EFE

Los hermanos británicos Alistair y Jonathan Brownlee lograron este jueves las medallas de oro y plata en la prueba masculina de triatlón de los Juegos Olímpicos de Río 2016, en la que el mejor de los españoles fue Mario Mola, octavo a 1:25 minutos. Fernando Alarza fue decimoctavo a 3:07 y Vicente Hernández, vigésimo séptimo a 3:49.

Alistair, que revalida el título ganado hace cuatro años en Londres, superó por seis segundos a su hermano Jonathan, bronce en la capital británica en 2012. El bronce fue para el sudafricano Henri Schoeman, tercero a 42.

Alistair, de 28 años, asimismo doble campeón mundial y triple oro europeo, efectuó una de las más grandes exhibiciones que se recuerdan en los anales de este deporte y, posiblemente también en la cita olímpica brasileña. Confirmó el porqué de su condición de gran favorito y lideró de principio a fin una prueba en la que firmó el más prestigioso de los dobletes junto a su hermano Jonathan, dos años menor; y en la que el español Mario Mola se tuvo que conformar con un diploma, al acabar octavo.

El guión comenzó a escribirse nada más darse la salida en Copacabana, donde los palos fueron más grandes que las olas. En la que, como era de esperar, el eslovaco Richard Varga, cuádruple campeón del mundo de acuatlón y que en 31 pruebas del Mundial ha sido 25 veces primero en el primer segmento, también marcó el mejor parcial en las aguas de la icónica playa carioca.

Varga cumplió las expectativas y fue el mejor nadadorVarga cumplió las expectativas y fue el mejor nadador, al cubrir los primeros 1.500 metros de la prueba, a una sola vuelta en el Océano Atlántico, por delante del ruso Igor Polyanski y del italiano Alessandro Fabian.

Los Brownlee siguieron sus principios al pie de la letra. Sin desviarse ni un solo milímetro del guión. Reventaron la prueba desde el pistoletazo de salida. Y, encima, encontraron la simbiosis de interesantes compañeros de viaje. Salieron muy bien del agua (Alistair, cuarto) y forzaron la selección desde el primer duro repecho de la primera de las ocho vueltas ciclistas, de algo menos de cinco kilómetros.

Alistair tiraba con fuerza en la primera rampa y lideraba sin miedo la técnica bajada, jugándose un físico que los Brownlee no dudan en llevar al límite siempre que compiten. A ritmo salvaje. En un tramo ciclista en el que Varga, que se entrena habitualmente con ellos en Leeds, cumplió a la perfección el cometido de echarle un cable a sus amigos ingleses. Y esta noche no pagará ni una sola 'caipirinha'.

En el grupo de diez, junto al dúo de West Yorkshire y los tres primeros nadadores también entraron el francés Vincent Luis -otro de los favoritos-, el suizo Andrea Salvisberg, el australiano Aaron Royle, el estadounidense Ben Kanoute y el surafricano Shoeman.

Su compatriota Richard Murray, compañero de entrenamientos de Mola, que se recuperó de la fractura de clavícula que sufrió en abril ganando el Mundial de duatlón (carrera y natación) de Avilés, en Asturias, en junio, perdió algo más de un minuto en el agua.

Y pedaleaba en el grupo perseguidor, del que tiraba el mallorquín y en el que también circulaba el noruego Kristian Blummenfelt y los otros dos españoles: el talaverano Fernando Alarza -decimoctavo este jueves- y el tinerfeño Vicente Hernández, que compitió en Río con la bici que le prestó su amigo Javi Gómez Noya, único pentacampeón mundial de la historia y gran ausente en Brasil, por lesión.

Pero tras cuatro giros, la diferencia era de 1:13. Dos más adelante subía cuatro más; en la séptima era de 1:14 y a la segunda transición se llegó con una ventaja del grupo puntero de más de un minuto y veinte segundos. El grupo perseguidor quedaba sin opción.

Una ventaja insalvable para Mola

Mola se bajó a correr a 1:24 y, con las opciones de medalla perdidas, bastante hizo con acabar octavo en una calurosa jornada, en la que, para no salirse ni un ápice del plan, los Brownlee demarraron nada más arrancar el diez mil. Junto al galo Luis, al que pronto le negaron su compañía, antes de completar el primero de los cuatro lazos a pie. En la Avenida Atlántica, el paseo marítimo de una de las más famosas playas del mundo.

En el podio de Londres se había 'colado' entre ellos el gran Gómez Noya, que salió de la capital británica con la plata y que se hubiera jugado con ellos los cuartos. Pero a Río, los Brownlee llegaron con un plan mucho mejor.

Con seis 'dobletes' en pruebas de las 'World Series' -en las que Alistair detenta el récord de victorias (21)-, el primero de ellos en Madrid (2011) y los dos últimos este año, en su casa de Leeds y en Estocolmo, les faltaba el más espectacular de todos. Mientras Mola, subcampeón los dos años anteriores, obtenía en Hamburgo su cuarto triunfo en un Mundial que lidera, ellos completaron un entrenamiento en altura en la bella St. Moritz.

Los aires suizos les sentaron bien a ambos, en especial a Alistair, que no desaprovechó la oportunidad de inmortalizar su nombre con un inédito segundo título olímpico en la joven historia del deporte del tres en uno, debutante en la australiana Sydney el primer año del nuevo milenio. Ganó la más bella de las carreras familiares. Con un crono de una hora, 45 minutos y un segundo.

Tan sobrado, que entró en meta caminando, alzando el 'Union Jack' que le habían lanzado desde las gradas y esperando a su hermano Jonny, que entró a seis segundos y también repitió medalla, ascendiendo un peldaño respecto a Londres. Murray protagonizó la gran remontada a pie, que sólo le sirvió para ser cuarto, por delante del luso Joao Pereira. El día que la leyenda de los Brownlee se hizo eterna.