El partido había comenzado y la batalla del himno ya quedaba en un segundo plano. La final de la Copa del Rey comenzó con el Barcelona en tromba, con todos sus jugadores enganchados y el Sevilla a verlas venir. Iniesta y Messi comandaban las acciones culés.

Pero fue en la portería donde se gestó el tempranero gol de Luis Suárez: Cillesen sacó desde puerta y su pase fue milimétrico, superando a la defensa sevillista y dejando a Coutinho en franca ventaja. Un pase que cualquier centrocampista del mundo hubiera firmado.

El flamante fichaje del Barcelona justificó pronto su presencia en el once azulgrana. Su cabalgada terminó en un pase que Suárez supo rematar a puerta vacía. El Barcelona se adelentaba en el partido y la defensa sevillista todavía se preguntaba cómo podía haber podido tener tamaño desajuste.

Y es que el planteamiento de Montella, con sus líneas muy adelantadas, dejó a su espalda mucho espacio libre para los jugadores del Barcelona. Un cuarto de hora después, el dominio azulgrana volvía a tener eco en el marcador, con una sensacional jugada colectiva que concluyó con un taconazo de Alba a Messi. El argentino no perdonó y machacó la red. Media hora de partido y la final de Copa casi sentenciada.