En la mesa del tenis solo hay tres cubiertos: Federer, Nadal y Djokovic

Rafa Nadal, Roger Federer y Novak Djokovic.
Rafa Nadal, Roger Federer y Novak Djokovic.
EFE

Al igual que nunca sabremos si fue antes el huevo o la gallina, es posible que tampoco hallemos la respuesta de una pregunta deportiva un tanto ambigua: ¿Roger Federer, Rafa Nadal y Novak Djokvic son tan tan buenos o quizás es que la procesión de jóvenes que aspiran a su reinado es un tanto 'mediocre'? Puede que haya un poco de ambas cosas.

La dictadura que ejercen las tres mejores raquetas del mundo supone un hecho histórico inaudito y casi irrepetible en cualquier disciplina deportiva a lo largo de este siglo y el pasado: Messi, Pelé o Maradona nunca coincidieron en un terreno de juego; tampoco Jordan, Chamberlain o LeBron frente a la canasta; Biles, Comaneci y Khorkina sobre el tatami o Bolt, Owens y Lewis volando por el tartán. Pero en el tenis, sí: Federer, Nadal y Djokovic, los mejores de ahora y siempre, están jugando a la vez.

Y la consecuencia de semejante alineación de astros es que apenas queda sitio para el resto de la plebe cuando se trata de disputarse las cuatro piezas de caza mayor anuales, los Grand Slams. Lo intentó y consiguió, durante dos años, el escocés Murray (tres Grand Slams y dos oros olímpicos), pero su cadera no aguantó el ritmo. Y, desde septiembre de 2016, fecha en la que Wawrinka conquistó el US Open, nadie ha sido capaz de romper la hegemonía de los tres tenores.

Por el retrovisor, surgen apellidos como Thiem, Zverev, Tsitsipas, Kachanov o incluso Kyrgios (si algún día abandona el manicomio), pero ninguno es capaz de dar el paso final. Y algunos como Thiem lo han tenido a un suspiro, con dos finales consecutivas de Roland Garros, pero con suelo naranja no hay tutía: gana Rafael Nadal Parera.

La carrera por ser el más grande ha cogido velocidad, con apenas cuatro torneos de diferencia entre el suizo y el serbio, y el español en medio. Ya no hay forma de disimularlo con respuestas evasivas, porque los tres son conscientes del momento que viven: «Parece que me estoy acercando, pero ellos también están ganando slams. No sé si seré capaz de hacerlo. También soy padre y marido y tengo que equilibrar todos esos factores», confesó Djokovic tras ganar Wimbledon, subir hasta el peldaño número 16 de la carrera y frustrar el gran sueño de Roger Federer.

Con 37 años y 20 grandes en su bolsillo, al de Basilea se le escapó el domingo una oportunidad inolvidable de llegar al 21. «No puedo creérmelo», reconoció en sala de prensa. Media hora antes había tenido dos bolas de partido para... todo. Y se quedó con nada, aunque parezca poco interesado por las cifras: «Yo ya rompí el récord (de Sampras, con 14) y no puedo proteger el mío para siempre. No me hice tenista por eso... de verdad».

La próxima parada será el US Open: allí volverán a reunirse todos ellos, los veinteañeros hambrientos y los tres 'maduritos' que nunca se cansan de ganar ni dejan que otro lo haga: Roger, Rafa y Novak.

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