Daniel Albero.
Tras completar el Rally Mergouza, el objetivo de Daniel Albero es competir en el Dakar 2019. Equipo Diabético del Dakar

"Gas, e insulina que no falte". Ese es el lema de Daniel Albero, un piloto valenciano de raids que se ha impuesto a sí mismo la bandera y la responsabilidad de dar visibilidad a una enfermedad crónica como es la diabetes tipo 1. Este joven corredor y apasionado de los rallies decidió hace dos años demostrar que padecer este tipo de dolencia no impide, ni mucho menos, la disputa del deporte al más alto nivel. Su sueño: competir en el Dakar 2019.

"Mi objetivo es demostrar que las personas con diabetes somos capaces de realizar cualquier tipo de actividad, por extraordinaria o increíble que parezca, siempre que nos cuidemos, claro está", dice Albero. "Para muchos diabéticos es impensable poder llevar a cabo una vida normalizada. Por eso, tanto yo como mi equipo, nos sentimos responsables de abanderar un proyecto como este. Nunca antes un piloto de motos con Diabetes Tipo 1 ha participado en el rally más duro del mundo, el Dakar, y este próximo 2019 tiene que ser nuestro año", dice.

Albero, después de participar en varias carreras como la Baja España-Aragón, una de las míticas del Nacional de Rally TT, la Panáfrica de Marruecos o el Hellas Rally Raid. Sin embargo, 'el diabético del Dakar', título que lleva con orgullo, se apuntó al Rally Mergouza con el objetivo de ganar visibilidad y presencia en una de las pruebas más duras de las Dakar Series. Estar en el raid más duro del mundo es su sueño, después de casi 50 años viendo cómo le miraban raro cuando decía que quería competir.

Y es que a sus 46 años, este "músico, medio albañil y conductor de autobús", como se describe en una entrevista a Motorsport.com, se niega a aceptar eso de que no puede hacer deporte. Con 10 años le dijeron que ni siquiera podía montar en bici con sus amigos, ni en monopatín, ni hacer ejercicio en exceso... Nada que pudiera estar contraindicado con un tipo muy especifico de diabetes, que afecta al 5% del total de los afectados por esta enfermedad. Pero con 17 años, mientras empezaba a hacer sus primeros pinitos como trompetista, descubrió el motocross y empezó a competir a escondidas de su padre. Y así, hasta hoy.

Acabar el Mergouza era su objetivo principal, sin importarle quedarse el 50º en una prueba ganada por el también valenciano Joan Barreda en la que ha sido su primera competición tras el abandono del último Dakar. Albero tenía claro que si conseguía completar los casi 1.200 kilómetros de dunas y pistas del sureste de Marruecos, pasando penalidades como un durísimo calor, podía demostrar que puede estar en el raid de Sudamérica el próximo año.

Su "pócima", que es la mezcla de diferentes tipos de glucosas que le ha permitido acabar todas las etapas sin inyectarse insulina, ha sido una ayuda fundamental, y un arma más para argumentar que los diabéticos tipo 1 como él pueden competir en pruebas deportivas de primer nivel. "Ha sido un gran reto y demuestra que es posible que vayamos a participar en un Dakar, con etapas incluso mucho más largas, con la fiabilidad y seguridad necesarias en lo que a la DT1 se refiere. Hemos cogido impulso y ya nada nos puede parar. Próximo destino: Dakar 2019", promete. Ahora toca a los patrocinadores poner de su parte.