Azpilicueta
César Azpilicueta. Luis Grañena

Cuando Faruk Hadzibegic llegó al Real Betis, todo el mundo en Sevilla entendió que le llamasen 'Pepe' en lugar de por su apellido aparentemente impronunciable. Algo similar le pasó a César Azpilicueta cuando fichó por el Chelsea. Entendió mal una pregunta y los aficionados prefirieron llamarle 'Dave' para no tener que utilizar su largo apellido. Aunque ese apodo proviene de un chico rebelde que juega en la calle, el defensa español lo tuvo que asumir con deportividad.

En el vestuario es César o Azpi. Destacó en aquel Osasuna en el que también jugó su amigo Nacho Monreal, pero el hoy seleccionador francés, Didier Deschamps, se encaprichó de él y se lo llevó al Olympique de Marsella. No fueron fáciles sus inicios en el exigente equipo galo. Incluso el exfutbolista francés Eric Di Meco, ahora comentarista, llegó a decir que " se comería una rata si Azpilicueta fuese convocado para la Selección española". Vicente del Bosque le citó por primera vez en febrero de 2013, y un mes después, Di Meco se comió la rata y sus palabras.

 

Su adaptación al clima de Londres no fue fácil, pero ahora disfruta mucho los paseos por Hyde Park junto a su mujer, su hija y su mascota. Dentro del núcleo duro español de aquel Chelsea, conocido de manera jocosa como 'Spanish mafia', empezó a despuntar en su faceta defensiva hasta convertirse en uno de los pilares de la zaga 'blue'. José Mourinho llegó a decir: "Si tuviésemos once Azpilicuetas, ganaríamos la Champions League". Recientemente Antonio Conte se refirió a él como "uno de los mejores defensas del mundo."

Un defensa versátil

Al hilo del cúmulo de halagos que recibía de sus entrenadores, ESPN escribió un artículo titulado: "El jugador más infravalorado del fútbol". Su versatilidad para ocupar todos los puestos de la defensa puede incluso abrirle las puertas de la titularidad en el Mundial de Rusia, tras la lesión de Dani Carvajal en la final de la Champions League.

 

El perfil menos conocido de los españoles