La árbitra Stéphanie Frappart, sobresaliente en la Supercopa de Europa

Stéphanie Frappart, durante la Supercopa de Europa disputada en Estambul.
Stéphanie Frappart, durante la Supercopa de Europa disputada en Estambul.
EFE

Stéphanie Frappart hizo historia este miércoles en la Supercopa de Europa, que el Liverpool se adjudicó al imponerse al Chelsea por penaltis (2-2). La primera mujer en arbitrar un partido masculino de máximo nivel de la UEFA no sólo superó el examen sino que tuvo una actuación sobresaliente junto a sus asistentes, su compatriota Manuela Nicolosi y la irlandesa Michelle O'Neill.

Frappart, de 35 años, lleva una carrera meteórica. En abril dio el salto a la primera división francesa tras cinco temporadas arbitrando en la segunda. “Tengo las competencias y capacidades para estar aquí", dijo entonces. Y lo está demostrando. Fue también la árbitra de la final de la reciente Copa Mundial Femenina, que enfrentó a Estados Unidos y Holanda.

Durante toda la primera mitad, Frappart no abusó del silbato y dejó las amarillas en el bolsillo. Una falta de Van Dijk en el minuto 4, en el que el holandés bloqueó un pase de Giroud, suscitó unas momentáneas dudas porque la colegiada pitó falta, pero no sacó tarjeta.

Mayor fue la polémica en las redes sociales al minuto siguiente, cuando Mané se arriesgó a una chilena y dio con el balón en el brazo de Christensen. La afición del Liverpool pedía penalización por mano, pero Frappart no lo consideró: las nuevas reglas establecen que solo se penaliza si los brazos no están en "silueta habitual", y no fue el caso del defensor 'blue'. En el minuto 40 anuló un gol de Pulisic por fuera de juego, y el VAR le dio la razón. La hinchada no protestó más de lo habitual.

También la segunda parte empezó sin amarillas, pese a algunas faltas en ambos lados. Fue en el minuto 79 cuando Frappart comenzó a mostrar mano dura, primero con una amarilla a Azpilicueta por protestar una falta y en el 84 con otra tarjeta para Henderson, que había derribado a Emerson.

La decisión más polémica pudo ser el penalti que pitó en en la prórroga, castigando a Adrián, que se había tirado a los pies de Abraham. La medida permitió a Jorginho marcar el 2-2 y equilibrar el marcador. Pero tampoco se registró una protesta especial en las gradas de la hinchada roja. Tampoco cuando en el minuto 106 le cayó otra amarilla a Alexander-Arnold.

Se confirmó así lo que dijo Frappart en la rueda de prensa el día antes del partido: "Cada equipo juega distinto, pero el fútbol es lo mismo para mujeres y hombres".

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