Paula Badosa, la eterna promesa que superó la depresión y grabó su nombre en la historia del tenis español

Paula Badosa posa con el trofeo de Indian Wells
Paula Badosa posa con el trofeo de Indian Wells.
EFE
Paula Badosa posa con el trofeo de Indian Wells.
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Las grandes figuras de la historia del deporte son aquellas que esquivan todos los óbices que se interponen en su camino a la gloria. En la madrugada de ayer Paula Badosa atravesó el último muro en su periplo hacia el éxito dejando atrás la etiqueta de eterna promesa que pudo truncar su carrera antes de brillar antes los ojos del mundo.

La que fuera 70 del ranking mundial al inicio de esta temporada, amaneció hoy rozando el top 10 del circuito después de un año sensacional en el que logró deshacerse de los fantasmas que no le dejaban brillar en la pista. El trofeo cristalino de Indian Wells–que apenas pudo mantener suspendido en el aire unos segundos tras la fatiga de una final maratoniana– fue el premio a un camino de crecimiento personal en el que la catalana ha aprendido que "nada es imposible" como expresó tras batir a Azarenka, tenista que la inspiró a convertirse en lo que es hoy.

Hace seis años, teniendo ella 17, la española levantó Roland Garros Junior haciendo las delicias de los aficionados que disfrutaban de la precoz ‘Sharapova española’. Antes de aquello ya había sido convocada por Conchita Martínez para representar a España en la FedCup, y poco después de la final en la tierra de París batió a Carla Suárez para hacerse con el campeonato de España. Sin embargo, en aquel ascenso fugaz la presión de las expectativas enterró a la joven tenista en una profunda depresión.  "Sentía presión, obligación y miedos, no tenía ganas ni personal ni profesionalmente de hacer nada y no disfrutaba con nada" explicó la tenista en una entrevista en 2019 tras superar el bloqueo mental que no le dejaba sacar a relucir su talento.

"Sentía presión, obligación y miedos, no disfrutaba con nada"

Tras dos años entrando a la pista con las cadenas que retenían su prodigioso tenis llegó el año de la liberación; 2021. Con un nuevo maestro–Jorge García Álex–y dejando atrás episodios personales que la situaban en el foco dela prensa del corazón arrancó una temporada de ensueño en la que no ha dejado de escalar pese a las dificultades. Tras un arranque en el que no terminaba de alcanzar sus mejores sensaciones en el cemento llegó la temporada de tierra, momento a partir del cual arrancó el vertiginoso ascenso: semifinales en Charleston y Madrid, primer título en Belgrado, una plaza entre las ocho mejores en Roland Garros... y la devastadora imagen en silla de ruedas abandonando en cuartos los Juegos Olímpicos de Tokio cuando su mente ya estaba puesta en los metales 

Ayer la central del Indian Wells Tennis Garden, proyectada en los televisores de millones de españoles, acogió un partido que fue una metáfora del duro camino que llevo a la española hasta allí. Enfrente, Azarenka, dos veces campeona del torneo batiendo a dos mitos del circuito femenino: Serena Williams y el ídolo de Badosa, María Sharapova. Más de tres horas de tenis y mucha fortaleza mental necesitó la española para llevarse un partido que se decidió en el apretado tercer set que estuvo a dos puntos de caer del lado de la bielorrusa.

Con el empate a uno en el casillero, comenzó el tercer capítulo de una final de infarto. Badosa se puso 2-0 y cerca estuvo de poner un juego más de ventaja, aunque su incombustible rival logró la igualada y creció para tener dos opciones de cerrar el torneo al servicio. Entonces se produjo la imagen de la final; Badosa cubriéndose el rostro con la toalla librando una batalla contra los fantasmas que volvían a aparecer. El resto es historia. Remontada (7-6, 2-6, 7-6) y lágrimas en las que Paula soltó la presión que no la habían dejado, hasta ayer, grabar su nombre en la historia.

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