Lewis Hamilton pierde su batalla legal contra los relojes Hamilton por el uso del nombre comercial

Lewis Hamilton
Lewis Hamilton
EFE

Lewis Hamilton acabará 2020 con una derrota aunque no será en un circuito de Fórmula 1, donde es casi imbatible. El heptacampeón del mundo es consciente de que su nombre tiene un potencial económico brutal, por lo que ha intentado hacer negocio con ello, pero se ha encontrado con un contratiempo.

¿Qué pasaría si la marca de salsa picante Tabasco denunciase al estado de México por el uso del nombre? Algo parecido le ha ocurrido al piloto, pero con una de las marcas de relojes más potentes del mundo.

La pugna legal que había comenzado el corredor de Mercedes con los relojes Hamilton ha acabado con victoria para estos últimos, según ha determinado la Oficina de Propiedad Intelectual de la UE, que ha considerado que el piloto no tiene "derecho natural" al uso comercial de la palabra "Hamilton", según ha informado 'Daily Mail'.

"No existe un 'derecho natural' para que una persona tenga su propio nombre registrado como marca, cuando eso infringiría los derechos de terceros", explican, dando por bueno el argumento de la marca, propiedad de los suizos Swatch, que llevan fabricando relojes (además de joyería y otros productos) desde 1892, "mucho antes de que naciera Lewis Hamilton como persona".

Los abogados de la sociedad con la que Hamilton mueve su ingente imperio económico, 44IP, abrieron una causa legal hace tres años para intentar que los relojes no usaran su nombre en Europa. La respuesta que les ha dado la EUIOP es que tienen la marca comercial de 'Hamilton International' con los derechos exclusivos para usar la marca en accesorios en todo el continente desde hace más de un siglo.

Fundada en Lancaster, Pensilvania, hace 111 años, los Hamilton llegaron a ser los relojes que usaban los pilotos de las fuerzas aéreas de Estados Unidos durante años. Su fama les llevó a ser empleados como complementos en el cine: Elvis Presley llevaba un Hamilton Ventura en la comedia 'Blue Hawaii' (1961). Desde su compra por parte de Swatch se ha vuelto relativamente más accesible al gran público, y aunque no llegan a ser considerados de lujo, sí cuentan con productos no aptos para todos los bolsillos, que van desde los 300 a los 3.000 euros.

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