Joan Mir, un campeón con asterisco ante la oportunidad de su vida

Joan Mir
Joan Mir
EFE

La temporada 2020 de MotoGP será inolvidable por muchos motivos, entre los que se encuentra la ausencia de Marc Márquez. La caída que sufrió en la primera carrera del campeonato y su pésima decisión a la hora de regresar antes de tiempo le obligaron a quedarse en casa el resto de la campaña, lo que abrió una inesperada puerta a la incógnita.

Prueba de ello es que, a falta de dos citas para la conclusión del campeonato, ha habido nueve ganadores distintos. El último ha sido más regular que el resto: Joan Mir. El mallorquín está muy cerca de proclamarse campeón del mundo de MotoGP, cuarto español en la máxima categoría tras Álex Crivillé, Jorge Lorenzo y el citado Márquez. Lo hará para una marca, además, que lleva 20 años sin pisar lo más alto, Suzuki, desde los tiempos de Kenny Roberts Jr. Muy mal se le tiene que dar para no lograr los puntos necesarios, ya que después de la primera cita de las dos agendadas en Valencia sale con 37 puntos de ventaja sobre su inmediato perseguidor, Fabio Quartararo.

Si acaba tercero en Valencia el próximo domingo, Mir se proclamará campeón del mundo y quizá lo haga con sólo una victoria en su palmarés en la máxima categoría. Él mismo admitía que era un peso que llevaba encima, ya que se había abierto el debate de su mérito en un año que, además, ya está puesto con un asterisco en el calendario por todos: ¿tiene el mismo valor ganar el título con Márquez que sin él?

Visto el pobre rendimiento que mostraban las Honda en la pretemporada, quizá no sería muy descabellado pensar que iban a sufrir también en carrera, al menos lo justo para que no fuera otro paseo marcial del mayor de los hermanos de Cervera, pero siempre quedará esa incógnita. La duda de si estaría o no en la lucha por el título queda ahí.

Sea como fuere, Mir está a un paso de lograr el mayor éxito de su carrera deportiva como ya hizo en 2017 cuando se llevó el entorchado de Moto3: sin hacer ruido. La discreción y el trabajo día a día es una de las señas de identidad de este mallorquín afincado en Andorra, como otros tantos pilotos de MotoGP (el propio Quartararo, los Espargaró, Jack Miller…) y está a punto de obtener sus réditos. 

Saber navegar en una convulsa temporada, con muchas variantes y variables, le ha servido para llegar a convertirse en el referente sin que apenas nadie se diera cuenta. A excepción de sus dos abandonos en Jerez y Brno y el 11º de Le Mans, no se ha bajado del ‘top 5’ en el resto de carreras. No es nada nuevo para él: la regularidad es su firma. Ya en 2019, en su primer año en MotoGP, se perdió dos carreras por una caída que le produjo una contusión pulmonar y aún así acabó 12º en la general.

Sus palabras fuera de la pista también hablan muy bien de él. Ni la polémica por las trampas demostradas de Yamaha, y la ausencia de sanciones en condiciones por ello, ni las dudas sobre la burbuja del campeonato han hecho que pierda el foco de su objetivo deportivo, ni de lo que pasa fuera del campeonato. 

“¿Presión? Presión es lo que está pasando con el coronavirus o la gente que no puede pagar el alquiler. Yo me estoy jugando un título de MotoGP y si me va bien, me irá muy bien; y si me va mal, pues también me irá bien. Hay mucha gente que lo está pasando peor”, dijo ante los medios nada más lograr su primera victoria en la máxima categoría. Una rúbrica que, esto sin dudas, resume perfectamente la altura de miras del que apunta a ser otro campeón para las estadísticas españolas.

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