El nombre de la herida

Goya, que aunque parecía un mañico muy gañán, era de lo más fino, bautizó como «volavérunt» el aparato genital de su amada, la duquesa de Alba. Un apelativo electrizante, sensual y literario. Eso cuentan las leyendas.

Los expertos afirman que el «capricho» del mismo nombre alude a la inconstancia femenina. Ya se sabe, aquello de la donna é mobile. En nuestra huerta de Murcia, como no podía ser menos, el aparato genital femenino disfruta múltiples acepciones: seta, mersa, flor de té, mondongo, chocho, chichi, raja, conejo, almeja.

El aparato genital femenino disfruta múltiples acepciones: seta, mersa, flor de té, mondongo, chocho, chichi, raja, conejo, almeja.

Véase las similitudes con la flora y fauna autóctonas y exóticas -por lo del té, más que nada-. Imagino que en un intento de sofisticación a ras de acequia. No sabemos qué ocurrirá con esos vocablos, lo único que puedo contarles es que en el cole de mi peque, las niñas tienen «vulvita» ¿Qué pasará con el nombre de la herida en tiempos postreros? La educación sexual es algo sano y necesario, pero se carga de un plumazo todo el misterio erótico y esotérico de las palabras.