La clase

La clase - Cartel
Título V.O.:
Entre les murs
Año de producción:
2008
Distribuidora:
Golem
Género:
Drama
Clasificación:
Todos los públicos
Estreno:
16 de enero de 2009
Director:
Laurent Cantet
Guión:
Laurent Cantet, François Bégaudeau
Fotografía:
Pierre Milon
Intérpretes:
François Bégaudeau (François Marin), Vincent Caire, Olivier Dupeyron, Patrick Dureuil, Frédéric Faujas, Laura Baqueda, Juliette Demaille, Dalla Doucoure

Fotogramas de la película

Sinopsis

François da clase de lengua francesa en el instituto de un barrio conflictivo. Sus alumnos, la mayoría quinceañeros, reproducen a pequeña escala los conflictos raciales y sociales que se dan en la Francia actual. Todos los profesores se arman de buenas intenciones con el comienzo de cada curso, pero el comportamiento de los jóvenes no siempre es el esperado. La actitud de François es diferente. Sus métodos, basados en la sinceridad y en el diálogo, son los menos ortodoxos y los más arriesgados.

La edición 2007 del Festival de Cannes tuvo una clara triunfadora, la película "La clase". Rodada como si de un docudrama se tratara, está basada en el libro "Entre les murs" del profesor y escritor François Bégaudeau. En él se narraban una serie de situaciones ocurridas en un aula escolar, sin personajes ni moralejas, lo que resultó perfecto para el cineasta Laurent Cantet. El director de "Hacia el sur" y "El empleo del tiempo" es un enamorado de las historias sociales, así que decidió modelar la novela de Bégaudeau para convertirla en una propuesta de ficción.

El propio François Bégaudeau interviene en el filme, precisamente en el papel de profesor, aunque la estructura de la cinta (similar al falso documental) no invita a pensar en una actuación propiamente dicha. Lo mismo ocurre con los alumnos de La clase, elegidos por no ser actores profesionales. Estos jóvenes aportan frescura y realismo a los diálogos, pero también representan a la perfección la multiculturalidad de la Francia contemporánea. Además de ganar Cannes, "La clase" puede presumir de participar en el Festival de San Sebastián y de ser la candidata francesa a los Oscar.

Crítica

La última película de Laurent Cantet es, en virtud de su triunfo en el pasado Festival de Cannes, la punta del iceberg de ese cine mestizo con un pie en el documentalismo social y otro en la ficción hiperrealista que viene definiendo el libro de ruta de la vanguardia del celuloide europeo (y no sólo) de un tiempo a esta parte. Es el mismo recipiente en el que películas como "Gomorra", "Vals con Bashir" o incluso, en otro nivel, "Leonera" de Pablo Trapero (por no hablar de la escuela realista china de los Jia Zhangke o Wang Bing), vierten sus corrosivos y demoledores discursos, puliendo la superficie del aparejo formal, desnudando la narración de interferencias que abstraigan del profundo quid de la cuestión: la extinción de las fronteras entre lo real y la representación de esa misma realidad.

Cantet obra el milagro filmando en alta definición digital eludiendo así intromisiones directas en el desarrollo de la informal dramaturgia. El cine continental vuelve a mirarse en el espejo del cinema verité y reflexiona sobre el presente, o sobre el pasado cercano, embalsamando la emoción en directo y no ensayada recuperando la dinámica y el movimiento del cine semi amateur, y, por tanto, semiprofesional. Es, en el fondo, un grito de libertad, una apelación colectiva al cine que remite a la realidad, no al que la emula o la adultera para abstraerse de ella.

En ese sentido "La clase" es una película de rabiosa actualidad en lo estrictamente formal y, no menos importante, en el compromiso nada trivial con el presente histórico (el de Francia en este caso) y en la verdad como recurso narrativo y trampolín, en última instancia, de la ficción cinematográfica. Cantet bucea, y congela, la deriva social y educacional de la Francia del presente y del futuro, reflexionando sobre los cimientos multiétnicos de una sociedad que muta radicalmente pese a quien pese estructurándose sobre la base de un mestizaje de luces y sombras.

Renunciando al hilo narrativo convencional, el cineasta francés articula su excelente película en dos niveles: la cotidianeidad nadatruculenta y menos melodramática de un aula cualquiera de un instituto de la periferia parisina que educa a franceses que no se sienten cómodos en su marginal identidad europea, y, a modo de interludios, las deliberaciones disciplinarias de un profesorado desbordado por la anarquía del nuevo modelo educativo. No hay juicios de valor, no hay sermones ni didactismos de perogrullo. "La clase" huele a verdad por los cuatro costados, y las apariencias engañan porque es precisamente esa admirable equidistancia la que descubre paciente los entresijos de un país latente en miniatura, cuya diversidad étnica es un polvorín con el que nadie parece saber lidiar.

La cinta de Cantet es de esas películas milagro en las que parece no pasar nada mientras pasan tantas cosas. El elementalismo del planteamiento se revela su mejor virtud y, misteriosamente, las rutinas de pupitre que desfilan por sus imágenes gozan de un extraño poder hipnótico. La honestidad engancha, por eso "La clase" es una película tan ágil y entretenida a pesar de su engañosa espesura estructural. La paciencia de Cantet en la planificación del proyecto da poco a poco sus frutos, de manera que su última propuesta perturba conciencias con lo puesto, con lo imprescindible.

Nada que ver con las pomposas y relamidas ficciones de aulas violentas que tanto se prodigan en el cine USA esbozando solemnes lecturas universales de carácter sociológico. Y es que aquí Cantet mira fijamente a los ojos a sus chavales y a sus atribulados profesores. "La clase" disecciona así la Francia del inminente mañana sin despeinarse y sin pinceladas demagógicas de ningún tipo. Cine en estado puro, vaya.

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