Políticas de mano dura

Los graves incidentes que se están viviendo en París y otras ciudades francesas tienen varias causas. Sin embargo, el desencadenante fundamental   ha sido la política de «mano dura» del ministro Sarkozy en los barrios más deprimidos, con la aplicación de ese gran dogma de la derecha –y de buena parte de la población de los países occidentales– de que los conflictos de indisciplina social y las conductas perturbadoras del orden se solucionan con políticas de «tolerancia cero».

Espero que ello haga reflexionar un poco a todos los aduladores de este tipo de políticas, y que sean capaces de entender que a una población que se siente discriminada, olvidada,  arrojada a los suburbios y al olvido y que sufre la discriminación real por sus propios compatriotas, no se le puede amenazar además con un control policial exhaustivo. Tarde o temprano, el polvorín termina por explotar.