La crisis

Cuando hace décadas el sueldo de un trabajador era suficiente para mantener a una familia se podía ir saliendo adelante, aunque con una marcada diferencia de clases sociales.

Años más tarde, la incorporación de la mujer al mundo laboral hizo que las familias comenzaran a tener mayores niveles de renta, por lo que pronto hubo que corregir dicha situación y los sueldos de todos dejaron de incrementarse en la proporción de años anteriores.

La consecuencia fue la desaparición de la imagen del «cabeza de familia»: un único sueldo dejó de ser suficiente para el sustento de una familia.

Obviamente había que hacer algo para seguir manteniendo un «equilibrio» entre las clases sociales y por eso se creó la «burbuja inmobiliaria»: para que uno de los dos sueldos se dedicara íntegra y permanentemente al pago de la vivienda: una generación entera dejaría de poner en peligro la estabilidad del sistema de clases.

Pero una vez que la burbuja inmobiliaria ya no dio más de sí, había que hacer algo para que la generación posterior tampoco pudiera desbancarse económicamente, y por ello se crearon la «crisis alimentaria» y la «crisis energética», las cuales se pueden englobar en una sola «crisis de recursos».

Unos precios desorbitados en bienes básicos de subsistencia como son los alimentos y ciertas materias primas nos asegurarán, al menos, otra década de marcada estructura social piramidal.