No importa la raza ni tampoco la edad. Lo esencial es la habilidad adquirida del perro para encontrar a través de su olfato el lugar donde se encuentra un ejemplar de ‘Tuber Melanosporum' o trufa, conocido por su valor aromático, culinario y por su escasez como ‘el diamante negro'. La sexta edición del ‘Concurso-demostración de caza de trufa con perros' ha puesto a prueba a los once animales participantes y a sus dueños este fin de semana en el marco de la ‘Feria de la Trufa' en Abejar (Soria).
Hasta cuatro ejemplares de este hongo comestible, que crece bajo la tierra, consiguió descubrir en tan sólo cinco minutos, Luna, un Braco Alemán de cinco años que de la mano de Juan Carlos Pérez participó sorprendiendo a los presentes en esta exhibición. Es el cuarto año consecutivo que obtiene un premio y no es casualidad. Luna no es un aficionada, sino un profesional de la búsqueda de la trufa. Desde diciembre hasta marzo trabaja en la recogida del hongo en la empresa trufera de la zona, Arotz. "Es extraordinaria", señala Pérez a pesar de que no es de su propiedad.
Al contrario que Luna también participaron pequeños perros novatos, como el Teckel de pelo corto de Faustino García, un pequeño de un año que de momento "se despista mucho". El modo de adiestramiento ha consistido para este animal en recoger una trufa que su dueño le lanzaba a modo de práctica y de identificación del tubérculo. Después el juego consistió en esconderla y premiar al perro cuando la encontraba.
Si es un perro joven aprende antes, puede aprender incluso en dos semanas
Desde un pastor alemán a un ratonero
"Cada maestrillo tiene su librillo" y como dice Juan Antonio Rodríguez, asiduo a este concurso, el animal "de entrada no tiene que tener nada especial pero sí ciertas aptitudes: que hociquee, que obedezca y que sea tranquilo. Puedes poner desde un pastor alemán hasta un ratonero".
Muchos de estos propietarios son demandados para ‘cazar trufas', aunque otros enseñan las habilidades a sus mascotas por pura afición, como Julio Cabero que les adiestra para buscar otros hongos subterráneos, los llamados Hipogeos, que no tienen potencial culinario. En este sentido subraya que hay que ser respetuosos con el monte al desarrollar estas prácticas e incide en "que nadie se hace de oro" buscando trufas.
No tiene que tener nada especial pero sí ciertas aptitudes: que hociquée, que obedezca y que sea tranquilo
En el certamen concursó con un perro de agua español, de dos años, "un perro tranquilo" aunque de esa misma raza, como comenta, "los hay de todo tipo: miedosos, más estables para el trabajo y algunos más bravos".Señala que estos perros se "humanizan" a través de la sincronía con su dueño.
También debutó en esta actividad el perro apodado Trufa'' que con este nombre y con poquito entrenamiento consiguió el premio al menor tiempo en la búsqueda. En tan sólo 20 segundos hizo vencedor a su propietario Manuel Bartolomé. 122 gramos tenía el ejemplar más pesado de trufa, encontrado por Jara, el último perro en participar y el que consiguió el premio a la trufa más grande hallada en la finca municipal ‘El Barranco'. No está nada mal teniendo en cuenta que un kilo de trufa cuesta en torno a 800 euros.
Desde el Ayuntamiento de Abejar llevan impulsando seis años el conocimiento de este producto micológico de gran calidad. De hecho, la corporación ha solicitado la Denominación de Origen de la trufa. Según José Alejandro Huerta, organizador de la feria en la que han participado más de 20 empresas truferas, el objetivo es acercar el producto no sólo a los profesionales del sector sino "atraer al pueblo visitantes formando un paquete turístico que aúne la gastronomía, el turismo y la micología".
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