Los desalojos de okupas en Madrid ahora son mudanzas. Los colectivos que forman el Centro Social Seco dejarán definitivamente el próximo 3 de marzo el colegio que llevan 15 años okupando en el barrio Las Californias (Retiro) para instalarse en un local de titularidad municipal.
Vemos esto como una oportunidad de demostrar que nuestro modelo de organización es mucho más satisfactorio que el que nos imponen
El consejo de administración de la Empresa Municipal de la Vivienda (EMV) aprobó recientemente la cesión, en régimen de alquiler, de un local de 400 metros cuadrados, en la calle Valderribas, a los colectivos de Seco, constituidos en asociación de vecinos.
La apuesta permitirá al Ayuntamiento culminar la rehabilitación de un barrio de casas bajas en el que se edifican bloques con cientos de viviendas. Y a los colectivos de Seco, "mudarse para quedarse".
Debates internos
Atrás han quedado los arduos debates sobre el cambio de okupas a inquilinos. "Algunos colectivos no han aceptado venirse, otros están siendo críticos y todos tenemos contradicciones, pero vemos esto como una oportunidad de demostrar que nuestro modelo de organización es mucho más satisfactorio que el que nos imponen", explica un portavoz del Centro Social Seco.
Ellos califican de "temporal" el realojo, pues aspiran a gestionar el centro cultural proyectado en Las Californias.
Las condiciones que les impone la EMV son: que paguen 1.326 euros mensuales (más el IVA) de alquiler –lo que Seco considera "caro"–, que utilicen el local y que lo hagan para aquellas actividades que rezan en los estatutos de la asociación. Ya tiene en proyecto un festival de cine y talleres infantiles.
En Seco participan, entre otros, la asociación vecinal Los Pinos, Bici Crítica, un laboratorio de hackers informáticos y una cooperativa agroecológica.
La pionera fue La Karakola
El primer centro okupa que consiguió una cesión municipal en Madrid fue la Eskalera Karakola, en 2004 y a cambio de abandonar la panadería que este colectivo de mujeres feministas mantuvo okupada durante ocho años en la calle Embajadores, 40, de Lavapiés.
Ellas lo consideraron un éxito, pese a la tristeza de tener que abandonar su sede: "Hemos conseguido lo inimaginable, que la consigna triste de un desalojo torne en posibilidad de perpetuación de un proyecto", explicaron. La Karakola está ahora en un local municipal en la misma calle Embajadores.

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