La pobreza vista a través de los ojos de niños que viven en ella

Niños que viven en la pobreza.
Emilio, que ha vivido tres desahucios, y sus hermanos pequeños, en una plaza pública de Vallecas, Madrid. (JORGE PARÍS)
  • El paro, los desahucios y los recortes ponen jaque la salud física y mental de 2.267.000 de niños en España, según Unicef.
  • Varios menores cuentan qué significa vivir por debajo del umbral de la pobreza.
  • La crisis golpea duro a las familias de Emilio, Evelyn, Ismael y Ariana.
  • Las ONG alertan de que el número de pobres aumenta mientras los que ya lo eran lo son más: hay neveras vacías, abandonos y violencia.
  • El 17 de octubre es el Día Mundial para la Erradicación de la Pobreza.

Sentado en un banco de Puente de Vallecas (Madrid), Emilio —14 años y tres desahucios vividos— opina que la crisis "es un problema que nos está dejando sin trabajo y hace que cada vez escasee más la comida. Eso provoca cabreos y hace que los mayores estén la mayor parte del tiempo enfadados".

La crisis hace que los mayores estén la mayor parte del tiempo enfadados"La familia de Emilio —padres en el paro desde hace años con seis hijos (tres menores y tres mayores de edad, que ni estudian ni trabajan)— viven en un piso que les da vergüenza enseñar. Lo encontraron de chiripa tras el último desalojo a la carrera en junio. "Es pequeño como un cuarto trastero", pero ha evitado su huida a un escondite de "piso de patada" (okupa) donde los Servicios Sociales pierden el rastro de los niños. "Es desesperante verte en la calle y que te puedan quitar a tus hijos. No es miedo, es pánico lo que se siente", confiesa María del Pino, la madre.

Emilio ha bajado a este banco de la calle a explicar qué significa habitar en el interior de la estadística de 2.267.000 niños en situación de pobreza en España. Grandullón y tierno, no se ve pobre, se ve "normal", porque "pobre es el que no tiene donde alojarse, ropa para cambiarse, ni comida. Hay gente peor"... y la congoja le quiebra la voz. Sus confesiones hoy son el fruto del esfuerzo de su madre porque sus seis hijos —"sin engañarles, que no se puede"— no sientan que en sus vidas falta lo básico. Han vivido en pisos sin agua y sin luz, donde las paredes "eran humedades". Y no salen las cuentas con ocho bocas a alimentar si por la puerta entran 512 euros de una renta de inserción y la calderilla 'en B' de las chapuzas del padre de familia.

Responsables de las ONG que escrutan la pobreza en España aseguran que aquí "no se pasa hambre", pero María del Pino hay veces que no come para repartir las lentejas —"a lo pobre, solo con agua y sal"— que saca a la mesa por tercer día consecutivo. Y si los niños protestan ella dirá que se ha pasado en cantidad. Más "rabia" le da no tener dinero para comprar unas zapatillas de deporte que impidan que a Emilio le apoden el "marginado" en el colegio.

Cuesta explicar a los hijos que son pobres. Más que pedir ayuda. Emilio es adolescente, pero no inconsciente. Si pudiera elegir el regalo de su próximo cumpleaños sería un perro, "que se liga mucho sacándolo a pasear", o "una Play". Aterriza en este banco de Vallecas y añade: "Aunque tal y como está la cosa, mejor comprar comida".

La crisis está acabando con la familia

La madre de Emilio tiene una teoría: "Esta crisis está acabando con las familias". Muchas a su alrededor se rompen y "llegan a las manos". Falta dinero, sobran estrés y violencia, insiste poniendo esa mirada de haberlo visto de cerca. Afortunadamente no es su caso, cuenta, y se lleva la mano al pecho. "Nosotros seguimos juntos, nos apoyamos, y eso es como tener un tesoro", se despide.

En España hay 760.000 hogares con niños en los que todos los adultos están en el paro En España hay 760.000 hogares como el de Emilio, en los que todos los adultos de la casa están en el paro. En 2007 eran 324.000. A Gabriel González, coautor del último informe sobre pobreza infantil de Unicef, le escandaliza que cada vez haya más pobres y que los que eran pobres todavía lo sean más.

Ismael no quiere salir en la foto del periódico. A sus 15 años no le gustaría que sus compañeros del instituto de una localidad al sur de Madrid supieran que el sofá de su casa está cojo (parcheado con un gato de coche) o que los muelles de su colchón le dejan marcas en la espalda.

Su madre, Susi, parada y separada, casi ningún mes junta íntegros los 650 euros que los padres de sus tres hijos están obligados a pasarle para su manutención. Hace unos meses el Ivima casi le quita el piso después de acumular 13.000 euros de impagos. Con la ayuda de vecinos y padres del cole reunió lo suficiente para frenar el desahucio y firmó una moratoria para la deuda.

Ismael quiere unas zapatillas nuevas y no pasa el día en que le recuerde que cambie el colchón. "Son críos y piden cosas y cuando les digo que no podemos permitírnoslo se enfadan. Les digo que no hay trabajo, que sus padres no ayudan, que por no haber ya no hay ni becas y que si entonces un día nos comemos el colchón o las zapatillas".

Susi llora a menudo por su mala suerte, sobre todo después de otra entrevista de trabajo fallida. Si sus hijos la descubren, les oye decir  "venga mami, que de esta salimos". Ellos son su motor y su ancla.

Jenny, en el cuarto de Evelyn, con su maleta para el desahucio.

El peor año, con diferencia

Vienen madres que abren la nevera y solo tienen una naranja podrida La ONG Save The Children tiene un centro de día en Vallecas (Madrid) donde lleva a cabo desde 2005 el programa CaixaProinfancia, de ayuda a familias con niños en proceso de atención social que tienen necesidades no suficientemente cubiertas. Silvia, la psicóloga del centro, resopla afirmativamente a la pregunta de si este es el peor momento de la crisis.

"Con tanto paro y la retirada de las ayudas públicas, becas de comedor o libros, estamos viendo cosas y situaciones impensables". Según Silvia, "al centro vienen madres que abren la nevera y solo tienen una naranja podrida; o madres que cogen cualquier trabajo -a cualquier hora, a cualquier precio- y se ven obligadas a dejar a sus hijos solos. Es la pescadilla que se muerde la cola: si ellas no trabajan, sus hijos no comen".

Susi es una de las que tira de vecinos para que le echen un ojo a sus hijos cuando le sale un trabajillo. No tiene para pagar una cuidadora. Y ahora que está en litigio la custodia de su pequeño, tiene miedo. "Son mis hijos, ¿sabes? Me los he parido yo y me los estoy criando. No tendrán para jamón, pero chorizo no les falta", reivindica.

Durmiendo junto a una maleta

Evelyn tiene 14 años y duerme pegada a un maleta negra. Cada mañana saca la ropa que se va a poner para ir al colegio. Entre los jerséis asoman fotos y recuerdos. Evelyn guarda todo lo que no quiere dejar atrás en el desahucio inminente que le quita el sueño a la familia Alomoto, ecuatorianos en España desde 2000. 

Evelyn duerme pegada a una maleta negra en la que guarda ropa, fotos y recuerdos, por si vienen los del banco a echarla de casaMario y Jenny Alomoto tenían que haber entregado al banco las llaves de esta casa de Entrevías el 28 de septiembre. La compraron en 2005 y la dejaron de pagar en 2010, cuando los cheques sin fondos y las nóminas impagadas llevaron a Mario a la ruina. El matrimonio y sus tres hijas —Evelyn de 14 años, Karen, de 13, y la pequeña Paula, de 3— no tienen a dónde ir. "Cada noche me acuesto con el miedo en el cuerpo y me pregunto si al día siguiente será cuando vengan a echarnos", dice el padre. Este conductor de hormigonera en paro hace lo posible porque sus hijas no noten los problemas económicos que padecen, pero Evelyn sabe de sobra qué es un desahucio. "Es cuando no puedes pagar tu casa y el banco te la quita", explica tímida ante la atenta mirada de su hermana Karen, mientras Paula, de 3,  juega en el suelo con un juguete que recita una letanía de números.

Evelyn y Karen afrontan la misma amenaza de expulsión de forma dispar. Karen ni piensa en empaquetar sus cosas por adelantado, más bien le hace gracia ver la maleta de Evelyn. Eso sí, ya le ha dicho a su mejor amiga que igual un día deja de ir al colegio. Evelyn, de puertas para fuera, no habla del desahucio. "Prefiero no hacerlo. Con mis amigas hablo de las asignaturas y de otras cosas".

Secuelas en los niños

La psicóloga de Save The Children, Silvia, explica que son muchas las secuelas que la pobreza deja en los niños, tanto físicas como psicológicas. "Están peor alimentados y tienen problemas de salud, sufren fracaso escolar y el estrés que viven en sus casas se plasma en su comportamiento, a veces incluso violento contra sus progenitores. Algunos niños, además, expresan que se sienten culpables de la situación que atraviesan".

Las familias numerosas, los inmigrantes y las familias monoparentales padecen en mayor proporción la pobreza, aunque cada vez haya más en la exclase media española.

Maribel es madre soltera e inmigrante. Su hija Ariana, de 12 años, está en la cama "pachucha", por una gripe asociada a la enfermedad degenerativa que sufre, esclerodermia sistémica, de la que no le gusta hablar. Gracias a la caridad Maribel puede ponerle a Ariana las cremas que necesita para que su piel no se desgaste y sus músculos no se atrofien. Y pagar las medicinas. Todas las familias coinciden en que los servicios sociales están desbordados, las trabajadoras sociales -a las que conocen por su nombre de pila y consideran como de la familia- no pueden hacer más por ayudarles, pues con los recortes  "tienen las manos atadas". Sí, las parroquias y las ONG han suplido al Estado.

A las carencias de Emilio, Ismael, Evelyn o Ariana se añade otra peculiaridad de la pobreza y es que esta se hereda y forma barreras que impiden la igualdad de oportunidades, según los expertos. "Se puede pasar una temporada en la pobreza, pero si se prolonga, se interioriza y se pasa de padres a hijos",  explican. Romper esa cadena es bien difícil. Si le preguntamos a Emilio, sentado en el banco de Vallecas, en qué quiere trabajar de mayor, responde: "¿Trabajar? Lo tendré muy crudo".

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Maribel, abrazando a su hija Ariana.

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