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Sólo le pido a Dios

Me contaba llena de dulzura y serenidad cómo, con 9 años, en 1975, fue ocupada su tierra y su hogar. En cuestión de horas fue separada de su familia y tuvo que huir por el desierto mientras el Ejército marroquí bombardeaba a los saharauis, en su mayoría mujeres y niñas, con napalm.

Durante los primeros años, refugiadas en el desierto argelino, Gira me contaba cómo cada noche las mujeres ponían en cuencos piedras y agua para hacer creer a los niños que era comida, y las removían constantemente. «Recuerdo –me decía Gira– cómo cada noche me dormía, como muchos otros niños, con ese sonido y con el sueño de que habíamos cenado. Durante todo ese tiempo la comunidad internacional nos tuvo olvidadas y nuestros niños se morían diariamente, ya que teníamos una carencia casi total de alimentos».

Como dice la canción de León Gieco, «Sólo le pido a Dios que lo injusto no me sea indiferente, que la reseca muerte no me encuentre, vacía y sola sin haber hecho lo suficiente».

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