Mi hijo y yo

Mi hijo y yo - Cartel
Título V.O.
:
Le fils à Jo
Año de producción:
2010
Distribuidora:
Emon Films
Género:
Comedia
Clasificación:
Todos los públicos
Estreno:
4 de abril de 2012
Director:
Philippe Guillard
Guión:
Philippe Guillard
Música:
Alexis Rault
Fotografía:
Ludovic Colbeau-Justin
Intérpretes:
Gérard Lanvin (Jo Canavero), Karina Lombard (Alice Hamilton), Laurent Olmédo (François), Olivier Marchal (el chino), Vincent Moscato (Pompon), Abbes Zahmani (Le Boulon), Pierre Laplace (Frontignan), Lionnel Astier (Bernard), Darren Adams (Jonah Tukalo)

Fotogramas de la película

Sinopsis

La dinastía Canavaro siempre ha estado ligada al rugby, deporte enraizado profundamente en los cimientos de esta familia del sur de Francia. Jo, el padre y leyenda del balón ovalado, quiere que su hijo, Tom, de trece años, siga sus pasos y respete la tradición familiar. Sin embargo, al adolescente le encantan las matemáticas, es muy torpe en el juego y para un Canavaro eso es inaceptable. Así que Jo se hace propietario de un equipo amateur para que el ciclo familiar, de algún modo, no termine.

Película debut del guionista francés Philippe Guillard (Camping, Disco) como realizador, en un conmovedor retrato de la amistad, la fe, la esperanza y la tradición en torno a un deporte tan noble, al igual que áspero y duro, como es el rugby..en cierto modo, un paralelismo acertado de lo que es la vida. "Mi hijo y yo" retrata los sueños incumplidos de un padre por ver a su hijo continuar con la dinastía familiar en los campos del rugby, del vacío existente en las leyendas del deporte (como fueron Jo y su padre) cuando se retiran de un estilo de vida propio que aman, que no volverán a disfrutar a causa de la edad y que quieren verse prolongados en los siguientes herederos de la estirpe. Drama emotivo que nos muestra a una serie de personajes sencillos, corrientes, con sus desilusiones y desencantos, con sus pequeños triunfos y alegrías en una historia humana, desprovista de alardes técnicos y de diálogos complejos para el espectador.

El dos veces ganador del Cesar (Premios de la Academia de Cine Francés) por "El hijo preferido" y por "Para todos los gustos", Gérard Lanvin, protagoniza este drama al encarnar a la leyenda del rugby, Jo Canavaro, disgustado porque su hijo no quiera seguir sus pasos en el deporte. Olivier Marchal (Asuntos pendientes, No sé lo digas a nadie), Vincent Moscato (Salir del armario, ¡Que te calles!) y la belleza tahitiana Karina Lombard, a la que hemos visto en producciones de Hollywood como "Leyendas de pasión" o "El último hombre", completan el reparto de "Mi hijo y yo".

Crítica

Antes que películaMi hijo y yoes una declaración de amor al rugby, como deporte, por supuesto, pero sobre todo como catalizador de emociones, como dinámica grupal por antonomasia cuyo potencial terapéutico es prácticamente inagotable.Phillipe Guillardno es un director de cine hablando de rugby, es, de hecho, un jugador de rugby haciendo cine. Fue profesional durante una década y probó las mieles del éxito celebrando un título en el Top 14 (la liga nacional francesa) con su club de toda la vida el Racing.Mi hijo y yoes su primera incursión tras las cámaras, y lo de menos es la calidad del envoltorio o la entidad fílmica del producto.

Su ópera prima rebosa ilusión y el ansia, no siempre bien canalizada, por transmitir al público general las bondades balsámicas del deporte al que dedicó su vida. La columna vertebral de la tragicomedia es el emotivo rencuentro de un padre con su retoño; un ex profesional del oval venido a menos, cascarrabias y pasional en exceso sueña con ver a su hijo honrando la tradición familiar y el apellido paterno haciendo carrera como él en el rugby.

Por descontado el chaval es reacio, pero en torno a un proyecto local con chavales y apoyado y respaldado por todo un All Black la confianza padre-hijo renacerá de sus cenizas, como en los cuentos, forjando una complicidad ciega e inquebrantable de, digámoslo, telefilme sentimental de sobremesa. AMi hijo y yole faltan dos hervores para ser algo más que un entrañable despliegue de estereotipos del cine deportivo con crío. Guillard no asume riesgos, y además no acierta a la hora de enfatizar la especificidad de su propio deporte.

Hemos visto películas prácticamente idénticas con fútbol, hockey o beisbol de por medio. Sobra corazón y contención del entusiasmo. Guillard está aún muy verde y no hay duda de que aún el medio le viene grande. Su ópera prima tiene factura y entidad de película televisiva. Es idónea para fortalecer, frente a la pantalla, los vínculos padre-hijo, y es una entrañable introducción para chavales y adolescentes al universo del rugby, y a los valores que lo definen y hacen único. Pero no basta; el derroche de entusiasmo no es suficiente, ni aún con el concurso de Karina Lombard y Gérard Lanvin, tan solventes, claro, como de costumbre.

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