Cuestión de honor (2008)

Cuestión de honor (2008) - Cartel
Título V.O.:
Pride and Glory
Año de producción:
2008
Distribuidora:
TriPictures
Género:
Drama
Clasificación:
Pendiente por calificar
Estreno:
1 de enero de 2009
Director:
Gavin O´Connor
Guión:
Gavin O´Connor, Joe Carnahan
Música:
Mark Isham
Fotografía:
Declan Quinn
Intérpretes:
Edward Norton (Ray), Noah Emmerich (Francis Tierney,Jr), Jon Voight (Francis Tierney,Sr.), Jennifer Ehle (Abby), Colin Farrell (Jimmy)

Fotogramas de la película

Sinopsis

Durante una emboscada cuatro policías de Nueva York mueren. El asesino de policías ha puesto en alerta a todo el Departamento y el Jefe de Detectives Tierney pide a su hijo Ray, también detective, que investigue el caso. Ray no está muy seguro de querer llevar la investigación porque los policías muertos sirvieron bajo las órdenes de su hermano Francis y su cuñado. Lo que en principio parecía un caso de drogas mal resuelto, pronto deriva en un soplón de la policía. Las pistas apuntan a Francis.

Bajo el sonoro título de "Cuestión de honor" se esconde un thriller al más puro estilo policíaco, pero también una cinta dura y dramática sobre los secretos que esconde una familia. Su director, Gavin O'Connor (El milagro), ha sido parte importante en el equipo de guionistas, trazando un ritmo vertiginoso, donde la acción no sólo se concentra en la resolución de un crimen, sino en las lealtades de una familia dividida por el odio y la traición. La corrupción y el respeto por la ley son otros de los ejes centrales de la película.

La familia de policías Tierney está interpretada por un trío de lujo. El patriarca tiene el rostro de John Voight, al que vimos recientemente en "La búsqueda II: El diario secreto", y los dos hijos son Edward Norton, nuevo rostro de "El increíble Hulk", y Colin Farell, que regresa al thriller después de "Escondidos en Brujas". El cuarto miembro de la familia, el cuñado Jimmy, está interpretado por Noah Emerich (Juegos secretos). La presencia femenina corre a cargo de Jennifer Ehle (The river king, Posesión).

Crítica

Que el policíaco es género agradecido con las dobleces sociológicas, como microcosmos social con ínfulas de tragedia griega, como pequeña escala representativa de la gran escala y, por consiguiente, un género peligrosamente moralista y escorado siempre hacia las solemnes lecturas sociopolíticas, es así desde la prehistoria misma del cine. La confluencia no obstante en los últimos años de tres títulos prácticamente gemelos entre sí como "Copland", "La noche es nuestra" y este "Cuestión de honor" en la línea del horizonte del género ilustra también lo resbaladizas que son sus convenciones y estereotipos.

El policíaco es un género jugoso pero ojo que lo carga el diablo. Deslizarse debajo del velo de las apariencias de una película entretenimiento al uso puede ser un arma de doble filo porque difícilmente hay otro género o subgénero mejor predispuesto a las moralejas sociales, al didactismo pringoso y al pesimismo político demagógico. Gavin O´Connor se desliza precisamente por esa rampa con un dramón familiar de altos vuelos sobre patologías corporativas, sobre lealtades sucias y enfermizas, sobre solitarias manzanas sanas en un mar de manzanas podridas y sobre las tentaciones totalitarias de un poder desbocado y sin riendas que entiende la justicia como una convención sólo posible dentro del esquema turbio del mal menor que evita la proliferación de males mayores.

"Cuestión de honor" es una película de mil aristas, y algunas provocan heridas leves. Otras, muchas, se limitan a funcionar en automático copiando modelos y arquetipos de otros lodazales policiales del mismo corte. La propuesta de O´Connor tiene en su mejor virtud su principal problema. Lejos de focalizar la atención en una trama principal, su película multiplica los puntos de vista en pos de una perspectiva global y ambiciosa (demasiado) acerca del conflicto antropológico entre lealtad y deber, entre sumisión y rebelión.

La dispersión de la historia en múltiples subtramas familiares provoca la indeseable recurrencia al trazo grueso y al tópico. O´Connor no se conforma además con el discurrir claustrofóbico del polvorín de corrupción que vertebra la espina dorsal del relato. Lejos de dejar respirar a un relato que por turbio necesita respirar sin el acoso del dramatismo inflado, el director de "El milagro" tira del hilo hasta romperlo cargando las tintas de la tragedia coral en una explosión histérica de consecuencias personales, éticas y laborales.

De ese modo "Cuestión de honor" que, con todo, sigue siendo un policíaco razonablemente potente y, al césar lo que es del césar, adictivo y extremadamente ágil, hace camino moviéndose por la cuerda floja hacia un desenlace ejemplar de tragedias encadenadas y redenciones de patio de colegio. El escaso equilibrio de ese rocambolesco cierre de almas redimidas por la ley y el imperio del deber hace trizas la rotunda (si bien tópica) rocosidad de los dos primeros tercios de la cinta: oscuros, fugaz e impertinentemente melodramáticos, pero muy bien narrados, desplegados y mejor interpretados. A O´Connor le pierden los delirios de grandeza y el nada frugal banquete de pretensiones.

Ahora bien, que no se me entienda mal, los 130 minutos que componen su última película encierran dentelladas nada esporádicas de buen cine. El estereotipo se consiente, lo malo es el lastre moralista y el exceso de revoluciones. Con una velocidad menos y con los afanes didácticos en el cajón "Cuestión de honor" sería una gran película, sin lugar a dudas.

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