Una familia con clase

Una familia con clase - Cartel
Título V.O.:
Easy virtue
Año de producción:
2008
Distribuidora:
DeA Planeta
Género:
Comedia
Clasificación:
Pendiente por calificar
Estreno:
1 de enero de 2009
Director:
Stephan Elliott
Guión:
Stephan Elliott, Sheridan Jobbins
Música:
Marius De Vries
Fotografía:
Martin Kenzie
Intérpretes:
Colin Firth (Sr. Whittaker), Jessica Biel (Larita), Ben Barnes (John Whittaker), Kimberley Nixon (Hilda Whittaker), Katherine Parkinson (Marion)

Fotogramas de la película

Sinopsis

De manera impulsiva Larita, una sexy americana, se casa con John Whittaker, un joven inglés. La pareja, dispuesta a ser feliz, se instala en la casa de John en Inglaterra pero en cuanto la Sra. Whittaker conoce a Larita, la toma con ella. Desde ese momento tratará de hacerle la vida imposible a su nuera, haciéndola de menos y manipulando las situaciones a su antojo. Si no quiere perder a su querido esposo, Larita deberá hacer uso de todo su ingenio para defenderse de los ataques de su suegra.

En 1924, Noel Coward escribió la obra "Easy Virtue" como un intento por satirizar la sociedad británica de la época, y cuatro años más tarde, daba el salto al cine, auspiciada por la dirección del maestro Alfred Hitchcock. Pues bien, han tenido que pasar más de ocho décadas para que volvamos a ver un remake de esta historia. Bajo el título "Una familia con clase", se esconde una comedia romántica ambientada en los años 20, con una crítica mordaz a la alta sociedad y un sutil ingenio en las situaciones descritas. El encargado de suceder a Hitchcock es el australiano Stephan Elliott (Las aventuras de Priscila Reina del Desierto).

El reparto tiene más de una agradable sorpresa. Larita, la joven que revoluciona a toda la familia Whittaker, está interpretada por la americana Jessica Biel (El ilusionista), mientras que su marido en la ficción es el inglés Ben Barnes (Las Crónicas de Narnia: El príncipe Caspian). Les acompaña el matrimonio formado por Colin Firth (El diario de Bridget Jones) y una manipuladora Kristin Scott Thomas (El paciente inglés).

Crítica

Adaptar a un genio del calibre de Noel Coward es un marrón porque lo fácil es no ser digno de manipular tan excelsa literatura. Stephan Elliott tiene un lejano e ilustre precedente en la persona de Alfred Hitchcock, que se dejó seducir en los años 20 por el mismo texto para dar forma a una de sus primeras películas. Y en una cosa coinciden ambos: el peso específico de la obra objeto de adaptación les saca los colores ante el discreto balance de resultados. Efectivamente Elliott, como Hitchcock entonces, se queda en el barniz y el abalorio, habitando en la superficie espumosa de la literatura afilada de la pluma superdotada del británico, readaptada para incrustarla en el esqueleto de una comedia de alta sociedad efervescente, alegre e inocua de las comedias aristocráticas esas con Colin Firth y Kristin Scott Thomas, o cualquiera de los comodines sustitutos.

"Una familia con clase" es como una de esas lineales y rígidas adaptaciones de Oscar Wilde firmadas por Oliver Parker en las que se derriban todas resistencias potenciales a la agilidad de un humorismo clásico pero para todos los públicos a costa de pasar de puntillas por la obra, en plan turista, como mirándola de reojo. No es que sea en absoluto una mala película: la mordacidad explosiva de sus diálogos, el natural discreto encanto de la aristocracia británica caricaturizada, la recitación precisa de dos monstruos como Kristin Scott Thomas y Colin Firth y el encanto natural y el desparpajo de estas comedias palaciegas de molde son argumentos a favor más que suficientes para ceder a la tentación de hincarle el diente, pero la lupa le sienta fatal. Mirándola de cerca descubrimos una película formularia, otra de tantas que se crece destripando sin piedad los usos y costumbres cortesanos de las buenas familias británicas de mansión post victoriana y té a las cinco, con los trazos y brochazos de costumbre.

A esa distancia se aprecia la superficialidad vodevilesca del enredo, el rutinario empaque de una puesta en escena funcional e invisible y, no menos importante, la inmadurez interpretativa de sus dos protagonistas, fotogénicos ambos pero muy justos de registro. Ni Jessica Biel ni, menos aún, el insípido Ben Barnes, están todavía para estos trotes. Sus respectivos roles les vienen grandes y Coward y su lúcida viperina lengua se resienten. "Una familia con clase" es un Coward light que privilegia el humor efervescente desperdiciando el filón lapidario que maneja entre manos. En fin: un cine tan agradable de mirar como irrelevante y fácil de eliminar del disco duro.

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