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Eros

Eros - Cartel
Título V.O.
:
Eros
Año de producción:
2004
Distribuidora:
Araba Films
Género:
Documental
Clasificación:
Pendiente por calificar
Estreno:
28 de octubre de 2005
Director:
Steven Soderbergh, Michelangelo Antonioni, Wong Kar-Wai
Guión:
Steven Soderbergh, Michelangelo Antonioni, Wong Kar-Wai, Tonino Guerra
Música:
Peer Raben, Erica Antonioni, Vinicio Milani
Fotografía:
Christopher Doyle, Peter Andrews, Marco Pontecorvo
Intérpretes:
Robert Downey Jr., Gong Li, Alan Arkin, Christopher Buchholz, Regina Newni, Luisa Ranieri, Ele Kyats, Chang Chen
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Fotogramas de la película

Sinopsis

El erotismo, la sensualidad y el amor son el nexo común que Steven Soderbergh, Michelangelo Antonioni y Wong Kar Wai aúnan en sus cortometrajes para formar un todo, "Eros". "The Dangerous Thread Of Things" de Michelangelo Antonioni se desarrolla en la Toscana italiana, donde una pareja afronta la pérdida de pasión en su relación. El hombre la reencuentra cuando se cruza una joven en su camino. "Equilibrium" de Steven Soderbergh, narra la historia de un ejecutivo neoyorquino que ha perdido su apetito por culpa de unos sueños eróticos con una mujer que no puede identificar. "The Hand" de Wong Kar Wai es la historia de amor entre el sastre Chang y la señorita Hua en tiempos difíciles. Un nuevo concepto de largometraje es lo que Antonioni, Soderbergh y Kar Wai intentan formar con este tres en uno. El que más problemas tuvo para rodar su corto fue Wong Kar Wai, que tuvo que desplazar su película de Sanghai a Hong Kong y Macau por una pandemia. Los dos últimos días de rodaje fueron 48 horas consecutivas. Aclamada en el Festival de Venecia de 2004, "Eros" no es sólo nexo de directores e historias, sino también de géneros dramáticos. Un experimento que Soderbergh justifica diciendo que "quería mi nombre junto al de Michelangelo Antonioni en un póster".

Crítica

Una noticia mala y otra buena. La mala es que Eros como película propiamente dicha, es decir como conjunto de historias presuntamente cortadas por el mismo patrón que deberían formar un todo unitario y con voz al unísono, es un rotundo fracaso. Esta película es como los trabajos colectivos de instituto: se reparten las tareas, cada cual se va a su casa, y cuando llega el día de la entrega se juntan todas las piezas en plan chapuza y con distntas grafías. Pues aquí lo mismo; da la sensación de que Antonioni, Soderbergh y Wong Kar-wai no hablaron conjuntamente del proyecto ni una puñetera vez. La buena noticia es que contiene en su interior una de las mejores películas del año, desdibujada por la pésima compañía: el mediometraje de Wong Kar-wai que lleva por título La mano. Eros es el testimonio común de dos cineastas en decadencia y crisis y otro en la cima de su arte, en pleno esplendor creativo. Antonioni está como Godard con aquel bochornoso Nuestra música, para quitarle la cámara de lasmanos y exigirle su bien ganada jubilación. Su episodio, El hilo peligroso de las cosas, es para apedrearlo sin conmiseración. Un despropósito de punta a cabo, el testamento senil de un genio que ya no tiene ni los medios ni la energía mínima necesaria para contar historias en imágenes. El empalagoso pretenciosismo hueco que exhibe Antonioni, su pésimo gusto y anclaje en la mediocridad, son huellas de un cineasta que ha prolongado su carrera muchos más años de lo deseable. No es por la edad, Manoel de Oliveira sigue haciendo gran cine a sus noventa y tantos, es simplemente que ha perdido el norte y ya no tiene instrumentos para reencontrarse con él. Su lirismo de verbena tiene respuesta a la altura (o casi) por parte de un Soderbergh que se va por los cerros de Úbeda con un relato que sugiere cosas pero que nunca se zafa de su caprichosa condición y su mínimo poder sugestivo. No se sabe bien si el otrora aspirante genio, vendido ahora a bajo precio a las redes de la industria americana, se ha enterado en qué consiste el proyecto en el que se ha embarcado, pero él mismo se delata admitiendo que su único aliciente para enrolarse es tener un cartel en el que su nombre figurase al lado del de Michelangelo Antonioni. Así le luce el pelo. Afortunadamente Wong Kar-wai salva los muebles con una magistral apología de la sugerencia y del deseo inmaterial e inconsumable, en el mismo horizonte ético y estético de In the Mood for Love y 2046, haciendo cine de verdad, con mayúsculas, una película con todas las letras. La mano es un manifiesto concentrado en cuarenta minutos de las obsesiones marca de la casa, del Wong del nuevo milenio, que ni es el mismo del milenio pasado, ni de los años venideros. Su magistral pieza es un nuevo cursillo acelerado de romanticismo denso y delicado, y una exhibición de recursos con la complicidad de su fotógrafo habitual, Christopher Doyle, que esboza cotas de erotismo tamizado e invisible simple y llanamente sublime. Lástima que tan extraordinario trozo de cine quede manchado por el fracaso monumental del impresentable conjunto. Al menos hay una razón para no perderse Eros, aunque lo suyo es llegar una hora tarde a la sala y privarse de inútiles pérdidas de tiempo en compañía de dos obnubilados Antonioni y Soderbergh.

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