Así es vivir con el síndrome del impostor, el miedo a ser un fraude: "Siento que no soy lo bastante bueno"

Así es vivir con el síndrome del impostor.
Así es vivir con el síndrome del impostor.
©[Antonio_Diaz de Getty Images] a través de Canva.com

"Ni siquiera pude valorar el sacar buena nota en mi Trabajo de Fin de Grado. Estoy estudiando la segunda carrera y parece que nunca es suficiente". Estas palabras de Natalia, una estudiante de 23 años, ejemplifican de manera concreta lo que es el síndrome o fenómeno del impostor, un concepto acuñado recientemente pero que hace referencia a una realidad que, según algunas investigaciones, experimenta a lo largo de su vida hasta un 70% de la gente.

Este fenómeno psicológico (que es importante apuntar que no está reconocido como trastorno o enfermedad mental, y por tanto no está recogido en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales o DSM) consiste en la incapacidad de internalizar los propios logros y el miedo constante a ser descubierto como un fraude, a decepcionar a quienes tienen altas expectativas sobre nosotros.

"Ni siquiera creo que vaya a llegar a nada"

Tal y como Natalia explica a 20Minutos, en la actualidad posee un título de grado en Comunicación Audiovisual que obtuvo con buena nota, y compagina estudiar un máster de Márketing con el grado de Psicología a distancia, todo ello mientras realiza unas prácticas profesionales remuneradas. Pese a ello, dice "cuando personas que me parecen ideales me dicen cosas buenas sobre mí o que curro mucho, no me lo creo. Ni siquiera creo que vaya a llegar a nada, ni haciéndome 20 carreras".

En un sentido similar se expresa Nacho, un programador web de 27 años. "Siento que estoy engañando a mis jefes y colaboradores porque no soy lo bastante bueno o porque no trabajo lo suficiente", confiesa, a pesar de que "llevo tres años en la misma empresa y nunca he tenido ningún problema con mis jefes".

El síndrome del impostor va más allá de estos pensamientos incómodos, y puede tener efectos directos sobre la calidad de vida de las personas que lo sufren. "Sentirme así me genera sensación de desamparo, disgusto, ansiedad, dolor de estómago... Y se pasa más allá del trabajo. Yo hacía artes marciales y tuve que dejarlo porque sentía que no lo hacía bien y que molestaba a los demás", cuenta Natalia. "Me aumenta el estrés y me hace cuesta arriba el dormir", detalla por su parte Nacho.

"Hay una exigencia que nos lleva a una competencia tóxica"

Las causas de este síndrome no están claras, aunque se han señalado una serie de factores que podrían influir mucho a la hora de desarrollarlo. Algunos de ellos los explica Elena, joven de 26 años que también experimenta este fenómeno: "Hay una exigencia de 'tener éxito', de 'alcanzar la perfección', que nos lleva a una competencia tóxica entre las personas y deriva en esta sensación de sentirte impostora". También incide en las altas expectativas y en la difícil situación económica: "Empecé a sentirme así cuando entré en contacto con el mercado laboral, cuando estudias una carrera universitaria y ves que quizás no alcanzas todo lo que te has propuesto previamente".

"Para lograr trabajar, afortunadamente de lo que estudié", prosigue, "he tenido que pasar por varias becas y contratos en prácticas que generan frustración por la precaria situación actual. Y he podido independizarme este año, pero gran parte del salario se me va en pagar el alquiler, que en una ciudad como Madrid resulta asfixiante".

La competencia es algo que también menciona Natalia. "Creo que nace de la comparación. Desde pequeña pensaba que a lo mejor era lista, pero no tanto como los demás. O incluso que no estaba tan delgada como otras chicas".

"Sentía tanta presión que no podía dormir"

Otro desencadenante puede ser el adoptar un nuevo rol, especialmente si es distinto a lo que uno viene haciendo. "Al empezar el trabajo, con una tecnología nueva con la que no había trabajado antes, sentía tanta presión por hacer bien las cosas que no podía dormir. Esa sensación ha ido mitigándose, pero sigue ahí", admite Nacho, que estudió un grado universitario de Diseño y Desarrollo de Videojuegos y posteriormente un curso de Programación Web.

En cambio, a veces no tiene un detonante claro. "Cada vez que en el colegio sacaba una buena nota me decía a mi misma que era porque había sido fácil", cuenta Natalia, que no sabe situar en el tiempo cuándo comenzó a sentir los signos típicos de este síndrome.

De hecho, los psicólogos también apuntan a acontecimientos de la infancia como un posible origen; hechos como las comparaciones con hermanos u otros niños por parte de padres o profesores, haber tenido dificultades con los estudios, tener una personalidad excesivamente perfeccionista, desarrollar una baja autoestima o haber sido objeto de críticas frecuentes pueden contribuir de una manera u otra a generar el síndrome del impostor.

"La mayoría de mis amigos se siente igual"

Sea como sea, el caso es que una parte enorme de la población se sentirá de un modo parecido al que expresan estos jóvenes en algún momento de sus vidas. "Conozco mucha gente que, aún sin hablarlo, he podido ver cómo se infravaloran continuamente en su trabajo", apunta Elena. "Sobre todo creo que les pasa más a las mujeres, esa sensación de miedo al fracaso y la necesidad de perfección por los mandatos sociales que recibimos desde la infancia".

"A mucha gente de mi alrededor le sucede. Nos han enseñado a no sentirnos suficientes y a sentir miedo de hacer las cosas mal por algún castigo que podamos recibir, sea social o no", añade Natalia.

"La mayoría de mis amigos se siente igual o parecido", apostilla Nacho. "Yo diría que es un sentimiento muy generalizado entre nuestra generación".

"Trato de desprenderme del perfeccionismo"

Ante esta perspectiva, cabe preguntarse cómo es posible lidiar con la frustración y el estrés que genera el síndrome del impostor. La posibilidad más obvia es la de tratar el asunto con un psicoterapeuta, algo que siempre va a ser una opción válida y útil ante cualquier tipo de malestar emocional que podamos sentir.

Más allá de esta opción, a la que recurren Elena y Natalia, no existe un método claro, y cada uno de estos jóvenes tiene su modo de hacerlo. Por ejemplo, Nacho afirma que "no aplico una estrategia en concreto, más bien intento seguir con mi vida y hacer mi trabajo lo mejor que puedo".

Similarmente, Natalia explica que "No suelo tener estrategias, simplemente dejo que pase o si veo que me paraliza mucho en algo que tengo que hacer me intento concentrar en esa tarea".

Elena, por su parte, dice que "cuando tengo algún tipo de pensamiento negativo o me infravaloro, me paro un momento, acepto ese pensamiento y tomo conciencia para poder cambiarlo. Después, trato de ser amable conmigo misma y buscar otras posibles soluciones o pensamientos al respecto que no sean negativos o catastrofistas".

"En resumen, aceptar y reconocer cómo te sientes, desprenderte del ego, del perfeccionismo, y evitar las comparaciones con otras personas", concluye.

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