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El dolor abdominal y su relación con la alimentación: ¿cuáles son las causas? ¿Es más común en jóvenes?

Dolor de barriga.
Una afección muy común que afecta más a los jóvenes.
GTRES

Una de cada 10 personas padece dolor abdominal habitual relacionado con las comidas, según una reciente investigación presentada en la United European Gastroenterology (UEG) Week Virtual 2021 basada en el estudio de Epidemiología Global de la Fundación Roma

En este sentido, cerca del 11% de toda la población mundial experimenta esta sensación, que afecta en mayor medida a mujeres, según la encuesta realizada a más de 50.000 personas en 26 países diferentes.

Los resultados revelan que el 13% de las mujeres sufre este tipo de dolor tras comer en comparación con el 9% de los hombres. El dolor abdominal puede ser leve o fuerte, continuo o intermitente, agudo o crónico y puede ir acompañado de otros síntomas gastrointestinales como: hinchazón, sensación de plenitud después de comer, estreñimiento o diarrea.

Ansiedad o depresión: así afecta a nivel psicológico

Estas fueron las manifestaciones clínicas experimentadas por los participantes de la investigación, sin olvidar el malestar emocional y psicológico que puede provocar padecer un trastorno gastrointestinal. De hecho, el 36% de las personas encuestadas que padecían este dolor también sufrían episodios de ansiedad y aquellas con ataques más frecuentes también tenían tasas más elevadas de depresión (35%).

En la mayoría de los casos no se debe a un problema de salud grave y algunas de las causas más frecuentes son los gases abdominales, la indigestión o la distensión muscular, explican los especialistas de la Clínica Mayo. No obstante, si el dolor va acompañado de síntomas más graves como fiebre, sangre en las heces, pérdida súbita de peso o vómitos persistentes es necesario acudir a los profesionales sanitarios para determinar el origen.

Más frecuente en jóvenes de 18 a 28 años

La investigación ha revelado que el dolor asociado a la alimentación tiende a ser más habitual en jóvenes de 18 a 28 años de edad, al suponer un 15% de las personas encuestadas. 

"Hay una mayor carga de síntomas psicológicos y somáticos, como dolor de espalda o dificultad para respirar".

De esta manera, los resultados revelan que "las personas que experimentan este dolor también experimentan con más frecuencia otros síntomas gastrointestinales", subraya en un comunicado emitido por UEG una de las autoras del estudio e investigadora conjunta de doctorado en KU Leuven, Bélgica y la Universidad de Gotemburgo, Esther Colomier.

Así, estas personas tienen "una mayor carga de síntomas psicológicos y somáticos, como dolor de espalda o dificultad para respirar, que se asocian con una gran angustia y problemas de funcionamiento en la vida diaria", añade la experta. 

¿Cuáles son los síntomas más frecuentes?

Respecto a los síntomas gastrointestinales, un 30% de las personas encuestadas asegura sufrir estreñimiento y diarrea tras las comidas, frente a un 20% que padece estos síntomas de forma ocasional y el 10% sin sintomatología. El grupo de personas con dolor frecuente también afirmo tener distensión abdominal hasta una vez por semana. 

"Muchos pacientes con trastornos de las interacciones intestino-cerebro (DGBI), como el síndrome del intestino irritable y la dispepsia funcional, atribuyen sus síntomas a la comida y la alimentación", detalla el profesor Ami Sperber, autor principal del Estudio de Epidemiología Global de Trastornos Gastrointestinales Funcionales (FGID) de 2021. 

Una de las quejas más frecuentes en personas con estas afecciones es "el dolor después de las comidas", añade. No obstante, no existen datos sustanciales sobre este fenómeno, "a pesar de su potencial importancia para la atención al paciente y el estudio de la fisiopatología de estos trastornos". 

Los pacientes deberían beneficiarse de "asesoramiento dietético, apoyo psicológico y terapia farmacológica".

Por esta razón, "debería alentarse la consideración de los síntomas relacionados con las comidas en los futuros criterios de diagnóstico", insiste Esther Colomier. Además, se debería individualizar el tratamiento y evaluar "la asociación de comidas en todos los pacientes" para que puedan beneficiarse de un enfoque multidisciplinar que incluya "asesoramiento dietético, de estilo de vida, apoyo psicológico y terapia farmacológica", concluye.

¿Cómo saber si padecemos dispepsia funcional?

La dispepsia funcional hace referencia a los síntomas recurrentes de indigestión "que no tienen una causa obvia". Su manifestación clínica se acompaña de distensión abdominal, náuseas, eructos, ardor en el estómago o saciedad después de comer. 

Pero el obstáculo de esta afección es que no se conoce una causa concreta y los profesionales "la consideran un trastorno funcional, lo que significa que las pruebas pueden no mostrar anomalías", subrayan en la Clínica Mayo. Existen factores que sí pueden aumentar el riesgo de padecer dispepsia funcional, como los siguientes:

  • Sexo femenino.
  • Consumo de determinados analgésicos que originan problemas estomacales, como el ibuprofeno o la aspirina.
  • El tabaquismo.
  • La ansiedad o el estrés.
  • Padecer otro tipo de trastornos psicológicos, como la depresión.
  • Una infección por 'Helicobácter pylori'.

¿Qué es el síndrome del intestino irritable?

Por otro lado, el síndrome del intestino irritable (SII) es un "trastorno funcional digestivo crónico y benigno" cuyos signos más característicos son "hinchazón, dolor abdominal y alteraciones en el hábito deposicional que pueden variar desde estreñimiento, diarrea o ambos", detallan en la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD).

Se trata de una afección muy habitual entre la población, pues afecta al 10-15% y representa el 25% de las consultas en Aparato Digestivo. Aunque este síndrome "no predispone ni comporta una mayor probabilidad de padecer cáncer o enfermedad inflamatoria intestinal". Sin embargo, sí tiene un impacto relevante en la calidad de vida de los pacientes. 

A día de hoy se desconoce la causa exacta que provoca este síndrome, aunque existen teorías que sugieren que está motivado por "contracciones anómalas del colon y del intestino delgado" o por haber padecido una infección gastrointestinal grave. 

Asimismo, "las personas que visitan al médico por este motivo tienen más probabilidad de sufrir ansiedad y estrés", trastornos que afectan al intestino y que empeoran los síntomas. "Es importante resaltar que pueden modular la percepción de los síntomas, pero no parecen ser la causa de esta patología", añaden.

Actualmente, no existe un tratamiento curativo para esta patología al ser un proceso funcional y crónico. El abordaje se basa en aliviar los síntomas asociados mediante la combinación de buenos hábitos higiénico-dietéticos con un tratamiento farmacológico dirigido por profesionales sanitarios.

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