El reto diario de vivir con intolerancia a la fructosa: "Comía algo ligero, me sonaba la tripa y se me hinchaba mucho"

<p>Dolor de barriga.</p>
El dolor abdominal es uno de los síntomas más frecuentes.
GTRES

Cada vez es más frecuente encontrar personas a nuestro alrededor que no pueden comer determinados alimentos porque les sientan mal. Dolor abdominal, hinchazón, diarrea o flatulencias parecen ser los signos de alarma más habituales entre los pacientes con algún tipo de intolerancia alimentaria. 

Sin embargo, los síntomas varían y esta reacción adversa del sistema digestivo ante la ingesta de un alimento u otra sustancia que impide metabolizarlo de forma adecuada puede provocar manifestaciones no digestivas como pérdida o ganancia de peso repentina, cansancio generalizado, falta de energía o dolores de cabeza. 

Sin olvidar las repercusiones emocionales y psicológicas que supone en la persona afectada el proceso de adaptación tras el diagnóstico. Un reto diario y a largo plazo que puede provocar episodios de ansiedad, estrés o tristeza.

¿Cómo reconocer la intolerancia a la fructosa?

Aunque existe coincidencia en algunos síntomas, la alergia alimentaria provoca una respuesta del sistema inmunológico ante "la ingestión, contacto o inhalación de un alimento o un componente del mismo", por la que se desarrollan anticuerpos específicos denominados inmunoglobulinas E (IgE), tal y como explican en la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD).

En cambio, la intolerancia suele estar originada por una deficiencia de una sustancia presente en el torrente sanguíneo llamada enzima, que se encarga de facilitar la digestión tras el consumo de alimentos. Las más frecuentes y prevalentes entre la sociedad son la intolerancia a la lactosa, al gluten y a la fructosa.

Algunas personas necesitan meses, otras incluso años, para que su cuerpo se adapte en un proceso diario, largo y, sobre todo, personal. María empezó con estos problemas en el año 2013, cuando le diagnosticaron intolerancia a la lactosa. En enero de este año volvió acudir a los especialistas cuando se dio cuenta de que algo no iba bien y fue cuando le diagnosticaron intolerancia a la fructosa y sorbitol.

"Sabía que tenía una nueva intolerancia porque se parecía mucho a la de la lactosa. Comía algo ligero y cuatro horas después seguía haciendo la digestión, me sonaba la tripa y se me hinchaba mucho... De repente tenía diarreas, de tener que ir cinco o seis veces al baño, y había comido lo de siempre", explica a 20minutos

Desde entonces, ha consultado a varios médicos y está trabajando con un nutricionista. "No hay nada concreto, es algo relativamente nuevo" y a diferencia de la intolerancia a la lactosa "que es un poco más cómoda porque los lácteos están bien definidos, te enfrentas a una vida sin fructosa en la que no sabes que hacer"

En el caso de Paula, empezó con problemas de intolerancias hace casi seis años cuando notó los primeros síntomas. "Desde pequeña he tenido el estómago delicado. Tuve alergia al huevo e infección por la bacteria Helicobacter pylori", detalla. 

"Me fui de Erasmus en el año 2014 y era la primera vez que vivía sola en un país donde la dieta cambiaba mucho y mi organismo tuvo un gran cambio de alimentación y de desorden". Al regresar a España pensó que los síntomas que tenía desaparecerían "pero no fue así". Se manifestaban con "mucha diarrea con cualquier alimento, hinchazón y gases", además de fluctuaciones de peso muy rápidas. Entonces comenzó todo el proceso y, tras pedir cita en el médico, le diagnosticaron positivo en la prueba de la intolerancia a la fructosa y sorbitol. 

Una dieta de tres semanas sin tomar ningún alimento con fructosa

La fructosa está presente en una gran cantidad de alimentos, sobre todo en la fruta y en vegetales, pero también en productos procesados e industriales. La intolerancia se define como "la presencia de síntomas asociados a esta malabsorción", ya que la fructosa no absorbida "llega hasta el colon, donde las bacterias intestinales la someten a un proceso de fermentación que conduce a la liberación de gases, así como ácidos grasos de cadena corta y agua", subrayan en la Asociación Española de Gastroenterología (AEG)

Por su parte, la intolerancia al sorbitol se entiende como "la presencia de síntomas asociados a la malabsorción de éste, siendo muy similares a los de la fructosa". Ambas intolerancias suelen ir acompañadas porque las sustancias se absorben en un mismo transportador intestinal específico, GLUT5.

Aunque es muy frecuente, la intolerancia a la fructosa sigue siendo desconocida y el mejor método para el diagnóstico actualmente es el conocido test de hidrógeno espirado o prueba del haliento. "Te hacen diferentes tomas de aliento en distintos intervalos de tiempo para ver como tu cuerpo tolera la fructosa ingerida al principio", indica María. 

Después, te dan un listado de alimentos basado en una dieta baja en fodmap y "te dicen que tienes que empezar una dieta durante tres semanas sin nada de fructosa" y poco a poco vas introduciento alimentos con diferente cantidad de fructosa. "Las primeras tres semanas te encuentras genial, pero es un mundo irreal porque necesitas tomar verduras", añade.

¿Cómo es el proceso de adaptación?

A Paula le dieron una hoja con alimentos que no podía consumir, sobre todo frutas y verduras de hoja verde. "Intenté hacerla pero era muy difícil de llevar a largo plazo y seguía encontrándome mal después de un año". 

Pasado ese periodo de tiempo, acudió a una dietista-nutricionista especializada en intolerancias. "Esto fue ya en el año 2018, cuando empecé esta segunda fase del proceso con otra dieta. Me eliminaron todos los azúcares complejos, no era solo fructosa y sorbitol, sino que también fue la lactosa o las legumbres y me empezaron a retirar el gluten". 

Dejó de tener molestias "de forma radical", pero perdió bastante peso en poco tiempo y "estaba mucho más cansada". Tras seis meses con esa dieta, comenzó a incorporar poco a poco otros alimentos para ver "lo que mi cuerpo soportaba y lo que no". Desde hace un año hace una dieta sin gluten. "Como de todo, aunque sigue habiendo frutas o verduras con las que noto síntomas, pero no como al principio".

María, por su parte, lleva nueve meses trabajando con un nutricionista y está "viendo la luz un poco ahora". Es un proceso lento porque "tienes que ir introduciendo los alimentos e ir dejando al intestino descansar". Ahora ha incorporado la batata, los guisantes y el brócoli en su dieta, que antes le sentaban mal. "Estar mala significa estar tres días mal. Levantarte por la noche, diarreas, hinchazón... A la mínima me hincho muchísimo", relata.

Ahora se encuentra en tratamiento con antibióticos y próximamente tiene que volver a acudir a los especialistas "porque están intentando limpiarme el intestino para ver qué otra cosa produce la intolerancia, ya que puede ser una alteración, el síntoma de otra enfermedad intestinal que está por debajo".

Repercusiones a nivel emocional

Las intolerancias alimentarias también afectan en gran medida al estado emocional. "Cuando tengo más estrés, cuando descanso peor.... aunque haga mi dieta, no termino de encontrarme bien", explica Paula. Es un proceso "de ir descubriéndote" para conocer "los tiempos de tu cuerpo".

De hecho, para María, uno de los problemas más silenciosos es tener periodos muy largos de tristeza. "Hay días que has comido sano y no te cabe la ropa, te encuentras cansada, tienes que estar tomando vitaminas, controlar muchísimo, no puedes compartir tu plato... Una sensación muy rara porque tampoco es algo muy conocido", indica.

Por esta razón, ha decidido abrir un canal en Instagram en el que compartir sus experiencias y mostrar cómo está llevando este proceso. "Veía en otros perfiles que había gente que ya había incorporado alimentos y yo estaba en un bucle de no avanzar". Por eso, "pensé que habría más gente como yo y abrí este canal, como una terapia para ver lo que está pasando". 

Una herramienta para dar más visibilidad a un problema que afecta cada vez a más gente, aunque siga siendo desconocido para muchas personas. 

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