Las galas de los Óscar son como las películas de Bond. Hay glamur, humor, tensión y acción. Y por mucho que pasen las décadas, y cambien los rostros de héroes y villanos, sigue incorruptible al paso del tiempo.

Al igual que Bond, tildado de "machista" y "reliquia del pasado", los Óscar han debido ponerse al día y siempre incluyen conexiones con la actualidad sociopolítica. En esta edición, la 90, fue el de la "diversidad", de etnias y género.

El afroamericano Jordan Peele se llevó el Óscar al mejor guion por Déjame salir y hubo una mayor presencia de mujeres. La transexual chilena Daniel Vega, de Una mujer fantástica, hizo historia presentando una de las canciones.

Emocionante ver de nuevo a Jane Fonda en un escenario, a leyendas de la interpretación como una Eva Marie Saint de nada menos que 93 años, la protagonista de Con la muerte en los talones y ganadora de la estuilla como secundaria por La ley del silencio (1954), o Rita Moreno de 86 llevando puesto el mismo vestido con el que ganó idéntico Óscar por West Side Story (hace más de medio siglo).

Pero el momentazo llegó con una Frances McDormand, Óscar a mejor actriz por Tres anuncios en las afueras, que puso en pie a las mujeres del teatro Dolby de Los Angeles ("Vamos Meryl, si tu lo haces, todas las demás lo harán"), y de actualidad el concepto de "inclusion rider", la cláusula en una negociación por la que se puede pedir que haya al menos un 50 % de diversidad en el reparto y equipo.

A la diversidad se les sumó la fiesta iberoamericana. La chilena Una mujer fantástica,  mejor película extranjera, la animación de Coco ambientada en México se llevaba dos y Guillermo del Toro era el tercer director mexicano, en cinco años, en llevarse el galardón, por La forma del agua.

El guion, o el azar, quiso además que la ganadora, La forma del agua, sintonizara con el mensaje de la gala: un alegato a favor de los marginados. Aunque los Óscar, como las pelis de Bond, también tengan mucho de pose.