Siempre he tenido una relación difícil con las barbacoas. A la imagen de Georgie Dann, incrustada en la retina desde los años 90 ¡ay!, o de las pelis americanas con su retrato de la plúmbea vida de suburbio, se añade el prejuicio hacia una forma de cocinar que hasta hace poco me parecía bastante pedestre. No mucho más avanzada al menos que la técnica de los cazadores-recolectores del Paleolítico... todo depende de si el mamut está tierno o no.

Pero en este ida y vuelta del futuro al pasado en que vivimos, las barbacoas y el mundo de la parrilla en general están teniendo un resurgir sorprendente. Hace solo unos días celebrábamos el tercer puesto conseguido por el Asador guipuzcoano Etxebarri en el ranking de los mejores restaurantes del mundo de 2019 (The World's 50 Best Restaurants).

Un panel de 1.040 expertos en gastronomía de los cinco continentes coronaba a este asador que, "siguiendo la técnica ancestral del fuego a partir de diferentes tipos de leña (...) nos ofrece sorprendentes posibilidades preservando la identidad natural de los productos" y le colocaba muy por encima de otros laureados españoles como el Mugaritz o el Despertar.

Mientras, en EE UU, la fabricante de cocinas Lynx pretende llevar también algo de sofisticación a los jardines americanos con su barbacoa inteligente conectada a internet. La nueva Smart Grill configura automáticamente las opciones de cocinado según las preferencias del usuario y el tipo de comida que tengamos en el grill (verduras, hamburguesa, pollo, chuletón...).

Y para evitar chapuzas del cazador-recolector a los mandos, sugiere instrucciones precisas en cada momento a través de notificaciones en el móvil o mediante comandos de voz (sí, la barbacoa habla). Pero si nos empeñamos recurrentemente en hacer la carne menos hecha o más carbonizada —por ejemplo— Smart Grill tomará nota de las preferencias del usuario y reajustará su configuración. Una maravilla solo al alcance de los neandertales más burgueses: más de 6.000 euros.