Volverá a dormir pronto en su cámara acorazada, oscura e inexpugnable. Pero durante unas semanas, el Códice de Vivar, que recoge el Poema de mío Cid, se expone en la Biblioteca Nacional. El tesoro fue donado al Estado en 1960 por Juan March, tras adquirirlo a la familia de Ramón Menéndez Pidal. El manuscrito medieval que recoge la vida y hazañas de nuestro héroe por excelencia no pudo tener mejor hogar hasta su acomodo definitivo.

"Un códice único encontró un estudioso único", tras avatares diversos que lo llevaron de aquí para allá desde 1330, cuando se cree que fue copiado de un manuscrito hoy desaparecido. Los Pidal lo custodiaron durante tres generaciones y resistieron ofertas suculentas de coleccionistas extranjeros. Don Ramón se puso en la piel del Códice cuando fue expuesto en la Feria del Libro de Madrid en 1951: "El Poema de Mío Cid (...) no aparece aquí receloso de quedar relegado entre tantos y tantos volúmenes. Se halla entre ellos muy seguro de sí mismo, sabiendo que es el libro de poesía más antiguo que se nos ha conservado en la Península".

El Códice despierta respeto y emoción. Y es admirable el acierto con que la Biblioteca Nacional, dirigida por la aragonesa Ana Santos, le rinde homenaje. 'Por muertas las dexaron...' es el verso inicial de las dos páginas por las que está abierto ante el público el rugoso pergamino, en el episodio del Robledal de Corpes, donde las hijas del Cid fueron brutalmente agredidas por sus maridos, los infantes de Carrión. Una elección atinada y, seguramente, nada casual.