Todos conocemos esos cacharritos con cuatro hélices que les regalamos a los niños que se quedan sin batería en 3 minutos y duran enteros 10. La imagen mental que tenemos de los drones está entre estos juguetes y los aviones sin piloto que usa EE UU para matar terroristas a medio mundo de distancia, pero son mucho más. La consultora PwC acaba de crear un centro global de excelencia dedicado a ellos: según su estimación el mercado de aplicaciones civiles va a superar en los próximos años los 113.800 millones de euros. Está a punto de empezar la era de los drones civiles y estos chismes tan ajenos pronto van a estar en todas partes.

De hecho ya se están utilizando para fines como localizar inmigrantes en el Mediterráneo o en la frontera entre México y EE UU; localizar supervivientes y evaluar daños tras los terremotos de Nepal y Ecuador; monitorizar manifestaciones y vigilar a policía encargada de reprimirlas en Hungría, la India o EE UU; o llevar ayuda humanitaria a zonas de combate en Siria o suministros médicos a rincones remotos de Ruanda. Entre los usos más extendidos hoy están los proyectos de investigación científica, muchas veces transportando sensores y tomando mediciones, y la protección de la naturaleza. Pero también se usan en proyectos artísticos, como herramienta periodística y en tareas comerciales como la inspección de tendidos eléctricos e instalaciones energéticas, el control de cultivos agrícolas y explotaciones mineras o la planificación y seguimiento de obras de infraestructura.

Entre las tareas que se espera que los drones lleven a cabo muy pronto están la entrega de paquetes, el parcheado temporal de redes de telecomunicaciones en caso de averías, la fumigación de cultivos, misiones de evaluación de daños para aseguradoras o de prospección minera. Se están desarrollando aparatos capaces de reparar o limpiar ventanas y otros diseñados para instalar la infraestructura (tuberías, aire acondicionado o cables) en el interior de los edificios. La naviera Maersk quiere usarlos para enviar piezas de recambio a sus barcos cargueros ahorrándoles el envío de una lancha o un helicóptero, y empresas como Amazon, Google y los correos de medio mundo los quieren como carteros.

En medicina se analiza la construcción de desfibiladores volantes [pdf] capaces de acudir rápidamente a donde son necesarios reduciendo el tiempo de espera y aumentando las posibilidades de supervivencia. Las cadenas de comida rápida y los supermercados experimentan con el uso de drones para la entrega de platos a domicilio y congelados. Y la industria publicitaria quiere usarlos para enviar anuncios geolocalizados a los móviles de los usuarios, para proyectar películas en cualquier superficie o simplemente para acarrear y mostrar carteles. En el campo del entretenimiento se trabaja en desarrollar competiciones deportivas basadas en su desempeño. Y cómo no, son infinitas las posibilidades de estas máquinas en el campo de la seguridad.

Y si añadimos otras tecnologías las posibilidades aún se multiplican. Drones equipados con impresoras 3D capaces de crear piezas de maquinaria o recambios donde son necesarios. Sistemas de inteligencia artificial gestionando campos de cultivo con drones para tomar imágenes y muestras, fumigar o regar sin intervención humana. Redes de telecomunicaciones reforzadas por antenas voladoras que se concentren donde haya acumulaciones humanas para proporcionar mejor servicio o para cubrir averías. Drones mineros capaces de navegar túneles, de cartografiar espacios subterráneos o de desatascar conductos taponados. Pensábamos que el futuro de la robótica era Terminator, pero en realidad es un rebaño de abejorros mecánicos de múltiples hélices.