Isabel Díaz Ayuso no esconde su pasado. Ni tampoco reniega de él. Tras meses de tensiones y negociaciones con sus socios de Ciudadanos y Vox, este martes por fin ha llegado su momento, el del discurso de investidura en el que ha reflejado qué quiere hacer como próxima presidenta de Madrid.

Y ha optado por no renegar del legado que recibe, sino reivindicarlo. Así, Ayuso quiso dejar claro a todos los españoles (porque no solo se dirigió a los madrileños) que su proyecto como presidenta de Madrid no parte de cero sino que avanza en el programa que ha "heradado" de Alberto Ruiz Gallardón, Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes, a quienes no tuvo problemas en citar.

Así, si Gallardón impulsó la ampliación del metro, Ayuso anunció que va a continuarla alargando la línea 3 y construyendo un intercambiador en Conde de Casal. Si Esperanza Aguirre hizo de Madrid la Comunidad en la que menos impuestos se pagan, Ayuso garantizó que seguirá esa línea y anunció que bajará medio punto en todos los tramos de IRPF. Y si Cifuentes apostó por políticas sociales, la próxima presidenta de la Comunidad enumeró un amplio paquete de medidas, como por ejemplo la creación de un abono gratis para todos los mayores de 65 años.

El discurso de Ayuso fue un decálogo de gobierno (con promesas muy concretas y comprobables, que le van a perseguir estos cuatro años) en el que tuvieron cabida las propuestas programáticas de sus dos socios, aunque apenas los citó expresamente. De hecho, llamó la atención las pocas veces que aludió a Ciudadanos, con el que va a compartir Consejo de Gobierno, y a Vox, que le presta los votos para la investidura. En un momento, incluso los igualó a ambos con la "actitud de Gabilondo", al que agradeció que no haya puesto aún más obstáculos a la investidura de los que ya tenía.

En cuanto a los mensajes, Ayuso se posicionó claramente como el adalid autonómico que el PP de Pablo Casado necesita: reivindicó pagar menos impuestos frente a la "voracidad" del Gobierno de Pedro Sánchez: apostó por no coartar la "libertad", frente "a lo sucedido en Navarra y País Vasco". "No podemos consentir que el verdugo tenga más reconocimiento que la víctima", denunció. Y apeló a "combatir el discurso del odio", aludiendo que ella luchará con sus políticas "contra la xenofobia, el antisemitismo y los ataques al colectivo LGTBI".

Es decir, está claro ya que la Comunidad de Madrid será la institución desde la que el PP dará la réplica a lo que vaya haciendo Pedro Sánchez desde el Gobierno central. En esto queda por ver aún cuánto costará Ayuso hacerse un espacio creíble y de peso en el escenario nacional. Ante la tribuna, la futura presidenta mostró menos armas que Cifuentes y Esperanza Aguirre cuando cargaban sin piedad contra Zapatero y Pedro Sánchez, pero todo es cuestión de tiempo.

El discurso de este martes tenía también ausencias. Por ejemplo, no aludió a las redes de corrupción que ensombrecieron el mandato de sus antecesoras. Ni tampoco respondió a las acusaciones de la oposición que la vinculan a ella con una rama de la Púnica. Su respuesta seguramente llegará este miércoles, cuando tenga que replicar especialmente a Iñigo Errejón (que ante el perfil bajo que está tomando el socialista Ángel Gabilondo se ha convertido en la principal oposición). El rifirrafe entre ambos será tenso, igual que todo el proceso que han seguido PP, Ciudadanos y Vox hasta llegar a este debate. Lo importante al menos es que por fin este jueves, cuando la Asamblea vote, Madrid saldrá de su bloqueo institucional e iniciará de una vez, la legislatura.