La ONU, la Unión Europea, el Consejo de Europa... Los países llevan décadas depositando en grandes organizaciones la responsabilidad de evitar dramas como el que ahora vive el Mediterráneo.

Convocan cumbres y elaboran ambiciosos planes, pero en el momento de la verdad vuelven a fallar. El destino de un barco con más de 600 refugiados a bordo no puede depender solo de la buena voluntad de un recién elegido presidente.