Vaya por delante que soy vegetariana, no vegana. Pero que nadie se asuste, no voy a entrar en la ética de comer animales, las ventajas para la salud de reducir la proteína animal o las distintas implicaciones del incremento global en la producción de carne. Voy a quedarme a ras de suelo, y espero que me perdonéis por ello, lanzando algunas reflexiones muy personales y escritas con humildad.

Una mayoría de la población no va a elegir la opción vegetariana o vegana de la noche a la mañana. Y no me atrevo a afirmar que no estén en su derecho ni que sean peores personas. La bondad o la maldad es algo más mucho más complejo. Por tanto, se van a seguir produciendo (palabra con connotaciones no muy agradables, lo sé) animales para satisfacer el consumo humano en un número elevadísimo y es algo que creo que convendría reducir pero que va a ser imposible detener. Por tanto, apelando al realismo (sí, eso que impide a veces volar, bien lo sé), es una prioridad que esos animales estén en las mejores condiciones durante su cría y sacrificio.

Es algo exigible a los ganaderos, que podrían ser más proactivos y menos opacos. También a los consumidores, que tienen en su mano apoyar con su compra a los productores que cuidan el bienestar de sus animales y exigir un etiquetado más claro. Distintos Eurobarómetros sostienen que los compradores queremos etiquetados que nos ayuden a elegir productos en los que el bienestar animal prime, incluso pagando más.

Por supuesto, también hay que demandar que se pongan las pilas administraciones públicas, distribuidores y comercializadores. Pero volvamos a los que producen carne, leche y huevos que una mayoría devora. Incluso los que mejor lo intentan hacer, se sienten con frecuencia en el punto de mira. Que tu modo de vida esté vinculado con la muerte de animales no es bonito, pero lo que están haciendo es el trabajo sucio de los que agarran la bandeja de filetes en el súper sin pensar más allá o, lo que es peor, pensando pero apartando la conciencia.

Por supuesto que hay mierda debajo de todas las alfombras. No soy una ingenua. Y los primeros interesados en limpiarla deberían ser los que viven en la casa. Pero hoy me quedo con otra conclusión. Creo que, por el bien de los animales, sus defensores y los sectores ganaderos deberíamos hacer un esfuerzo por entendernos e informar a la sociedad de cómo ha vivido ese animal, para comprar mejor informados.

Entendámonos por favor, Melisa Tuya, periodista