Estaba yo en uno de esos días en los que pones la tele, alimentando la nada con gominolas en el sofá, y se me venían a la cabeza las vacaciones. ¿Pensar en el verano mientras caía la nieve? Rarezas de esta primavera. ¿El éxtasis de la azúcar? Seguramente. En mis manos tembló todo el manjar cuando salió el primer anuncio de bañadores con la nieve de reojo tras el cristal. Pero, ¿qué hacen —me dije— ya toca adelgazar otra vez?

Los anuncios que miro ya están trufados con esos muchachitos que fingen ser señores

Aturdido por los cuerpos prietos de postadolescentes, pensé que lo más sensato era dejar el dulce. Más sensato y más sano también. Maldita sea.  Otra vez.  Aviso a navegantes, fotógrafos y futuras exparejas. No-he-lle-ga-do. El invierno ha sido frío y cuando hace frío te tapas. Consecuencia: no te ves. Y como no te ves, no eres consciente. Los más avispados han ido currándose una dieta y unos ejercicios durante los pasados meses. Yo me he limitado a una elíptica y cuatro paseos con perra. Y eso es como soltar un vino con gaseosa en un gourmet lleno de enólogos. Mera efervescencia. Ahora, todos las poderosas Afroditas y los enérgicos Eros están listos y preparados para mostrar ombligo tenso como la piel de un tambor en playas de Formentera y pecho morrocotudo de dos pistas en El Palmar de Cádiz. Yo no.

Y os escribo esto con una risa tan indecente que ha aparecido mi perra en el salón y se ha unido a la fiesta. Está dando saltos como si ella también hubiese pasado olímpicamente de la dieta durante los meses fríos. La miro y le digo: cariño, querida Leo, el verano está aquí, parecemos nórdicos, llegan las camisetas, los polos y las bermudas. Pero ya ves. A ti te da igual. Te ríes. Qué más te da. Tú vas despelotada todo el año. Cincuenta sombras caninas.

Las mujeres estáis más acostumbradas a que os vendan cremas para los estragos de la edad

Los anuncios que miro ya están trufados con esos muchachitos que fingen ser señores de edad. Maniquíes amojamados que nos presentan lo que deberemos llevar en verano. ¡Está de moda! ¡Y esto también! ¡Y eso! Pero no miro los estampados. Volveré al azul marino que renuevo cada verano. Sí, amigos, me lo destrozo en alguna roca de Cadaqués y siempre aparezco en la orilla como Tom Hanks en el Náufrago de Zemeckis.

Las mujeres estáis más acostumbradas a que os vendan cremas para los estragos de la edad con niñatas sacadas de  la primaria. Esos desvergonzados spots con crías de coletas y labial rojo que dicen que no se arrugan. ¡No te fastidia! ¡A los 15 años solo se arrugan los folios! No os las creéis, lo sé. Nosotros, los hombres, hemos empezado en los últimos años a ver cómo nos cuelan que para estar bien debes ser como ese chaval de cadera estrecha y pecho ancho sacado a tirones del instituto. Imposible. Escandaloso. Turbio.

La frustración está a la vuelta de página. Y no. Mi diablo dice que quedan dos meses hasta junio. Pero mi ángel susurra, tregua. "Cómete las gominolas tranquilamente, Max".  Nieva todavía.