Es cierto que para muchas capas de la población parece complicado destinar parte de su salario mensual al ahorro para la jubilación cuando lo que están intentando es llegar a final de mes, pero también es cierto que hemos de ser muy conscientes que según las perspectivas que nos esperan, nuestras decisiones individuales sobre el ahorro adquieren mayor importancia que nunca.

En este sentido, la estructura tradicional del ahorro familiar en España se ha caracterizado por concentrarse en activos de tipo inmobiliario, básicamente en tener una vivienda propia; sin embargo, las generaciones jóvenes, de los llamados millennials, nacidos entre 1981 y 1996, y centennials, nacidos a partir de 1997, parecen conceder menos importancia a la propiedad de las cosas, entre ellas, de la vivienda, seguramente porque observan las dificultades de acceder a ella, y más a su disfrute.

Para estas generaciones, y por supuesto también para el resto, tomar decisiones meditadas sobre su ahorro en las que tengan en cuenta sus objetivos y situaciones personales resulta fundamental.

Los problemas complejos no tienen soluciones simples, y aspirar a ser un enjoylder, mantener el nivel de vida una vez jubilados, requiere esfuerzo y dedicación. El proceso continuo de envejecimiento de la población española parece un hecho evidente. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) el número de nacimientos producidos en España en 2017 es el más bajo desde 1999, mientras que el número de defunciones fue el mayor desde 1976.

La combinación de estos dos factores ha dado por resultado un saldo vegetativo negativo, es decir, más defunciones que nacimientos, en concreto de 31.245 personas. Por otro lado, y de acuerdo a las proyecciones de la ONU, en 2050 tendremos en nuestro país 76 personas mayores de 65 años por cada 100 frente a las 30 que hay actualmente, con lo que nos convertiremos en el segundo país más envejecido de la OCDE tras Japón.

Estos datos preocupantes sobre el envejecimiento de nuestra población no pueden obviarse dentro del debate candente sobre el presente y, sobre todo, futuro de nuestro sistema público de pensiones. En España la pensión por jubilación consiste en una prestación económica que trata de sustituir las rentas del trabajo por una pensión vitalicia, la cual se otorga cuando el trabajador a causa de su edad cesa total o parcialmente en su actividad laboral.

El sistema funciona a través de un principio de reparto por el que las cotizaciones de los trabajadores en activo financian las pensiones existentes en un momento dado. En este sistema la pensión es algo menor al último salario recibido, y aquí es donde entra en juego la tasa de sustitución o reemplazo. Esta tasa es un indicador de cómo el sistema de pensiones consigue proporcionar unos ingresos adecuados a los trabajadores cuando estos se jubilan, y que se calcula como el porcentaje que supone la pensión recibida en relación al último salario.

Según los datos de la OCDE, en España esta tasa hoy se sitúa para un trabajador con ingresos medios en alrededor del 82%, muy por encima de la media del 71% para los países de la Unión Europea, y del 63% promedio para el conjunto de países de la OCDE. Sin embargo, este organismo internacional avisa de que nuestra tasa de sustitución va a disminuir notablemente, debido a las reformas emprendidas para garantizar la viabilidad del sistema de pensiones, a medida que aumenta la cantidad de pensionistas y disminuye la de trabajadores en activo que cotizan para sostenerlo.

En concreto, la OCDE estima que la tasa de sustitución puede caer en los próximos años, en el peor de los escenarios, hasta el 46%. Además de todo esto, España es un país que se ha especializado dentro de la economía global en sectores de bajo valor añadido, donde el salario medio bruto anual es de 23.156 euros y el más frecuente de 16.497 euros, según los últimos datos del INE.

Por tanto, mantener el poder adquisitivo tras la jubilación, y aspirar a convertirnos en lo que se conoce como enjoylders o, en su traducción literal a nuestro idioma, "jubilados disfrutones", no parece ser una tarea sencilla, pero eso no significa que debamos renunciar a ella.