Su distinguida señoría:

Antes de nada, déjeme que lo felicite porque es -nunca mejor dicho- de ley... ¡Qué digo de ley! ¡De Carta Magna! Ya es usted el árbitro de árbitros, el encargado de velar por que se cumpla el espíritu de las Sagradas Escrituras Laicas, esas que solo pueden alterarse de noche y si lo dice Angela Merkel.

Es cierto, seguro que usted lo sabe, que la Constitución no pasa por su mejor racha, y no solo porque uno de sus padres se haya sentido levitar tras conocer la absolución de la infanta. Hoy, lo que fue una frontera mítica entre la dictadura y la democracia se ha convertido en la raíz del 'régimen del 78', algo que una parte de la sociedad quiere superar de una vez.

Los padres de la Constitución eran todos hombres y la criatura no les salió tan mal

Por eso, como árbitro, lo primero que le van a pedir es independencia. No le voy a negar los méritos profesionales: los atestigua un currículum de 90 páginas en la web del TC. Pero sabe que usted no era la primera opción. Ese era Andrés Ollero, sacrificado para dar imagen de independencia: le pasaron factura sus 17 años como diputado del PP. Fue la moneda de cambio de un pacto entre populares y socialistas para renovar el tribunal con nombres como el de Conde-Pumpido, aquel fiscal general socialista que secuestraba revistas satíricas por ser demasiado "groseras" con la casa real. Como si Madrid y Barça nombrasen a los miembros del colegio de árbitros, pero se lavasen la cara asegurándose de que su presidente nunca hubiese vestido en público la zamarra blanca. O la azulgrana, si el equilibrio de poder era otro.

Yo creo que esa falta de independencia "desnaturaliza la esencia de la institución", como usted (y Ollero) dijeron del matrimonio entre dos personas del mismo sexo. Tampoco le gusta que los homosexuales adopten. "Contraviene la configuración constitucional de la filiación". Yo no lo veo así: levitasen o no, los padres de la Constitución eran todos hombres, y la criatura no les salió tan mal.

Con todo este bagaje, me muero por saber qué dirá sobre la ley del aborto de Zapatero. Desde 2010, cuando la recurrió Trillo (sí, sí: ese Trillo), ahí sigue, a la espera de resolución. Dicen que este año toca. Pero si algo van a mirar todos con lupa es lo que haga con Cataluña. Su predecesor tenía claro que esto no debe solucionarlo la justicia, sino la política. Recuerde lo que le conté del árbitro: quedaría contra natura cometer un villarato desde Madrid.

Suerte. La va a necesitar

Luis Pardo