La ganadería por sí sola emite tantos gases invernaderos como todo el transporte mundial. Increíble pero cierto. Las emisiones generadas por el actual modelo de ganadería industrial representan más del 14,5% del total a nivel global.

A las emisiones de gas invernadero hay que sumar otras emisiones relacionadas indirectamente con el sector ganadero industrial, como son las originadas por la terrible deforestación para el cultivo de piensos (80% del total) o el ya mencionado transporte de mercancías. Solo imaginen todos los barcos que traen soja de Brasil, Argentina o Estados Unidos, los camiones que la transportan hasta las explotaciones ganaderas para que sirva como pienso; otros camiones para llevar a los animales al matadero...Y, por último, más transporte para llegar a las cadenas de distribución y los hogares, incluso más barcos y aviones para exportar la carne a terceros países como China.

Además el consumo de carne tiene serios perjuicios para la salud. El excesivo consumo de carne aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer. Y no olvidemos que la ganadería industrial también contribuye de forma muy significativa al desarrollo de la resistencia a los antibióticos (por su uso veterinario).

Y por si faltaran motivos para cambiar el actual consumo y producción de alimentos animales producidos de forma industrial, como es el obvio maltrato animal (más 1.700 animales son sacrificados diariamente en España), es imposible no mencionar el gasto enorme de agua para los cultivos de soja. Como ejemplo mencionar que el consumo de agua en un año de la ganadería industrial en España equivale al consumo que hace toda la población española en dos décadas. Esto en un país donde los problemas de sequía son frecuentes y cada vez serán más intensos debido al cambio climático.

Como ha indicado el propio Grupo de Expertos sobre Cambio Climático de la ONU (IPCC), el actual uso del suelo para fines ganaderos (a nivel industrial) es una de las causas del cambio climático. Aunque de este problema poco se habla y no sabemos si el próximo gobierno tomará cartas en el asunto, la ciudadanía puede llevar a cabo algunas prácticas para mitigar el impacto de su consumo en el medio ambiente. Entre otras medidas Greenpeace demanda que el consumo de carne de un individuo a la semana sea de 300 gramos (dos hamburguesas) y no más de 630 gramos de lácteos, además de basar nuestra dieta preferentemente en vegetales, legumbres y frutas, y procurando que todo consumo de productos de origen animal proceda de explotaciones ganaderas sostenibles, ecológicas y de cercanía.

Este informe es un serio llamamiento de los expertos a los políticos para que tomen medidas legislativas encaminadas a cambiar este modelo ganadero industrial y hacer frente a la actual crisis climática. Si no se toman medidas, el impacto medioambiental del sector crecerá de forma exponencial, comprometiendo el cumplimiento del Acuerdo de París o los Objetivos de Desarrollo Sostenible e incluso los poco ambiciosos objetivos nacionales planteados en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima.