La Historia (con mayúsculas, la disciplina) es un arma ideológica formidable, y por ello el Poder, en todo tiempo y lugar, ha hecho uso público de ella y la ha manipulado y tergiversado en función de sus intereses. Además, la historia (ahora con minúscula, el pasado) se contempla desde puntos de vista muy diversos, en ocasiones parciales y sectarios.

Pretenden eliminar la estatua para justificar una postura política presenteLa Historia oficial ha sido el instrumento para construir la memoria colectiva, pero los hechos que sostienen esa memoria no son analizados ni explicados de la misma manera en cada época. Así, en el siglo XIX el nacionalismo liberal españolista se inventó el término de “Reconquista”, que jamás aparece en los textos de la Edad Media o de la Edad Moderna, para definir el largo periodo de la Historia Medieval en la península Ibérica y dar así la imagen de que España es un país, o al menos la idea y la voluntad de querer serlo, desde los tiempos del caudillo Pelayo, a quien además las crónicas del reino de León y luego toda la Historia oficial le atribuyó la victoria en una batalla en Covadonga, que jamás existió.

En la historia contemporánea de España, el revisionismo se está asentando con fuerza. En unos casos para recuperar lo más rancio y conservador de nuestro pasado, generalmente cuajado de falsedades y mentiras a medias.

En el caso de Cristóbal Colón, la polémica siempre ha sido hilo conductor de su biografía, y no menos lo ocurrido en la llamada “Conquista y evangelización de América”, a la que la llegada del almirante dio paso. Colón fue un hombre adelantado a su tiempo, como suelen todos aquellos que van un paso más allá de su época, lo que suele provocarles no pocos problemas en su momento.

El revisionismo ofrece una visión no menos parcial de la historia, que pretende, mediante el presentismo, forjar el pasado en función de intereses políticos del presente. Lo hace el presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, cuando sin el menor rigor afirma que “España es la nación más antigua de Europa”, trasladando el concepto de “nación” del siglo XIX al siglo XV; y lo hace ahora la CUP en Cataluña, cuando juzga a Colón, un hombre del siglo XV, como a una persona del siglo XXI.

Todo esto se incrementa a la hora de afrontar las imágenes del pasado. Por ejemplo, cuando se pretende eliminar la estatua de Cristóbal Colón, el genovés que llegó a las costas de América en 1492 al servicio de los Reyes Católicos. Los que eso piden no pretenden hacer justicia sobre un hecho oprobioso, injusto o inmoral, sino justificar una postura política presente. Ése no es el camino, pero la casta política, en este caso la nueva casta, piensa que borrando las imágenes del pasado se puede cambiar el presente; y, evidentemente, ése no es el camino.