La deseada individualización, o capacidad de adaptación de las organizaciones a los diferentes momentos vitales y circunstancias de las personas, es el modo más eficaz de obtener los mejores resultados para todos.

Y en este punto el teletrabajo se ha convertido en una "fórmula mágica" que permite racionalizar los horarios en las empresas y, en consecuencia, puede favorecer la ansiada conciliación de la vida personal, familiar y laboral.

De hecho, es una de las medidas que desde ARHOE (Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles) tratamos de explicar a las organizaciones porque bien planteada obtiene excelentes resultados.

El teletrabajo supone, en términos generales, la prestación laboral en el domicilio (también en otros espacios), con una cierta duración, y en el que debe haber un acuerdo entre las partes sobre qué se va a desarrollar y durante cuánto tiempo, siendo además recogido este acuerdo en un documento escrito, tal y como se desprende de la casi nula normativa.

También deberíamos añadir que es trabajo organizado por objetivos a corto y medio plazo, y sujeto a la legislación de prevención de riesgos laborales. Es decir, no toda prestación ni espacio físico son válidos.

Por otra parte, un modelo mixto de teletrabajo, es decir, no al 100%, ya que puede generar problemas tanto de desconexión del entorno humano como de la organización, es bueno también para la empresa.

Esta modalidad de prestación, como señala Aránzazu de las Heras, doctora en Derecho del Trabajo, favorece formas diferentes de organización del trabajo con costes más reducidos (sobre todo en infraestructuras), mejora la productividad y reduce el absentismo. Además, el teletrabajo permite una mejor distribución del tiempo al suprimirse los desplazamientos, lo que favorece la descongestión urbana e incide positivamente en mejoras medioambientales.

También, en muchos casos, permite que sea el propio trabajador quien adapte el tiempo de trabajo a sus propias necesidades, por lo que es una medida poderosa para favorecer la conciliación y la corresponsabilidad. Y por supuesto favorece otros aspectos como son la integración de personas con discapacidad, la prevención de accidentes in itinere, o el retorno progresivo al trabajo tras un proceso de enfermedad grave.

En cualquier caso, quedan pendientes aspectos como el derecho a la desconexión o el control horario y de la productividad, que también deben ser el punto de partida de cualquier regulación organizativa en esta materia que beneficie a todos.