Carta a Nadia y Mencía, niñas enfermas

JOSE ÁNGEL GONZÁLEZ. PERIODISTAOPINIÓN
José Ángel González, escritor y periodista.
José Ángel González, escritor y periodista.
JORGE PARÍS

Pequeñas:

Toda carta abierta dirigida a niños debería ser una pared blanda, atravesable para dar paso a mundos más dinámicos, más alterables y menos sombríos que este, tan soga, tan espinado, tan nulo en jardinería y tan superpoblado de actos defecatorios que venden servicios de mercadotecnia telefónica. No tengo capacidad ni sé cómo lograr el milagro de la siembra de buena mies en vuestros cuerpos, dañados por eso que llamamos enfermedades raras y, tras los cinco minutos de morbo, a otra cosa, que me ha sonado la mensajería. La perversa lotería genética ─nunca nos dirán con claridad si también es ambiental, nadie se autoculpa de extender la toxicidad como forma de vida aunque todos lo hacemos en silencio y cada día─ os ha concedido ser algo más y algo menos que niñas de vuestro tiempo.

Dos palabras complicadas como runas arcaicas os marcan: a ti, Nadia Nerea (11 años), te ha tocado tricotiodistrofia, que los periodistas llaman, porque brilla más en titulares, ‘piel de reptil’ o ‘envejecimiento prematuro’; a ti, Mencía (7),  hepatoencefalopatía, que a falta de imaginación metafórica han dejado en ‘enfermedad ultrarrara’. Ninguna tiene cura, ambas son relojes en cuenta atrás. Para mayor vergüenza, tu papá, Nadia, es un presunto delincuente que te ha usado durante años como anzuelo recaudatorio en una estafa muy bien diseñada para que el buenismo se derrame desde cada lacrimal. Pero se trata de algo más, princesas... ¿Debo contaros que la salud es un derecho tan universal como los parques y las golosinas? ¿Vale la pena que os enumere las ideas que me vienen a los labios: la oclusión eterna de los intestinos sociales; la fraudulencia moral de unos señores a los que pagamos para que nos representen y mimen; la explotación multiplataforma de niños freaks a los que, no vayan a considerarnos malaje pederástico, pixelamos la cara; la condena al sufrimiento de los más débiles como política universal de relaciones públicas...?

Me parece que os importan poco estas diatribas porque las niñas, sea como sea la estructura única de sus genéticas, siguen pensando que no hay nada mejor que una caja de creyones, un tutú, unos chapines o, no vayan a acusarme de incorrecto, un casco de bombera, unos galones de capitana del Aire, unos pies descalzos de corredora imbatible etíope... A quienes nos toca proporcionar toda satisfacción, todo goce, toda alegría, toda cura, es a los demás. Nosotros somos los raros. Enfermos y muy raros.

Besos a docenas, Jose Ángel González

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